Acerca de Taite Cortés

Periodista. Siempre periodista. Fui plumilla, reportera, directora de Comunicación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, después de la de Hacienda. Hice un paréntesis de un año en México, en el mundo del "choubisne". He vuelto a Hacienda

¡Mechas a mi!

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Mechándome (de mi iG)

Me estoy empleando a conciencia. Se me va la vida en ello, claro. He he bajado dos puntos el tono de las mechas y casi luzco el platino de Teófila. Estoy por echarme agua oxigenada cada vez que baje a caletear. ¡Lo que sea! Lo que sea por poder hacerme un Cifuentes, hacerme la rubia por derecho y manipular a las personas a mi antojo.

Así que ahí estaba el fallo: no estaba yo lo suficiente albina. Y sólo por eso he pasado fatiguitas en las reuniones y en el curro, rodeada de hombres con criterio que no me bailaban el agua ni me facilitaban la vida ni las gestiones. Y mira que era fácil la solución.

No sé si es que aún no estoy lo suficientemente rubia. Creo que aún necesito más. Porque lo que persigo también es poder hacerme la ídem con la vida, con la realidad. Hacerme la rubia y que no me afecte -ni al estómago, ni a la conciencia, ni a la rebeldía- los políticos detenidos, imputados; los fiscales que mueven hilos al poder; los personajes sin ética -me niego a llamarles periodistas- que inventan noticias asesinando a esta bendita profesión ya moribunda, y que llaman zorras a las mujeres, rubias, que no le bailan el agua.

Mira que llevo 40 años siendo rubia y no sabía que la vida güera era tan fácil. Será que no sólo hay que serlo sino hacérselo. Y ahí es donde yo he fallado. Será que he peleado toda mi vida para que vean algo más que mi color de pelo o el de mis ojos; que mi verdadero mérito está en mi competencia y en mi independencia. Y ahora no sé si he defraudado a las rubias del mundo intentando dar profundidad al estereotipo.

Y como nunca es tarde. ¡Mechas a mi!

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 25 de abril de 2017 

Fuera fajas

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Tienda en Camden Town (de mi IG)

Siempre he pensado que el mayor gesto de evolución de la especie es que las mujeres ya no llevemos faja. Vale que hay alguna prenda interior que te contiene tantito las carnes -ahora le llaman moldear-, pero no esos refajos forjados en Vigorito, de color carne, que le veía yo quitarse a mi abuela con más alivio que llegar a final de mes, dejando una estela de surcos y costurones que se rascaba con ahínco.

Ahora no podemos rascarnos señales “fajísticas” porque lo que nos sobra nos lo quitan a golpe de photoshop, desvirtuando mitos y rebajando carnes, como han hecho con la Cardinale en Cannes. Aberraciones de la técnica y de los cánones de belleza que nos siguen apretando y asfixiando sin lycra de por medio.

Tampoco podemos aliviarnos de sacarnos las leyes que nos constriñen, como esa que ha condenado a una chavala por una broma sobre Carrero Blanco… Aquí, como somos lenguaraces y desvergonzados, lo llevamos con más desahogo, que para eso es la cuna del ingenio. Pero el precedente da miedo. Y comienza a apretar.

Dijimos fuera a las fajas físicas, como un acto de rebeldía, y nos dejamos las mentales, las que nos imponen y las que nos imponemos. Éstas no las venden en Amalia ni en el piojito porque son más sutiles y más peligrosas. Pero yo confío que llegue el día en que también nos las quitemos de encima. !!Basta de fajas y de mordazas!!. Aunque, mientras llegue, nos quedará el alivio de rascarnos con ahínco las costuras.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 18 de abril de 2017 

Cambio de curriculum

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Reflejo y realidad (de mi IG)

¡Qué tentación ésa de inventarme el curriculum! ¡Qué divina cualidad, la de borrar de un plumazo lo que no te gusta de lo que eres y reflejar rotundamente lo que no has llegado a ser! Que tus aspiraciones se concreten y te dibujen, de nuevo; y de cara siempre a la galería.

Hay algo maravilloso en falsear los títulos y diplomas, algo de primario, de gregario, también de fantasioso y puede que hasta de inconformista. Al fin y al cabo, tiene algo de rebelarte con lo establecido, aunque sea lo establecido por ti, aunque tú tengas las herramientas para cambiarlo o las hayas tenido, en algún momento de tu vida.

Yo estoy tentada por momentos. Cambiar mi curriculum, ser otra yo. Pero mi inconsistencia y duda existencial me abre tal abanico, dependiendo del momento, que sería un lío para la galería descubrir en quién he derivado, según el ánimo.

Cuando el estrés me desborda, la vida atosiga sin tiempo y las decisiones se toman en fracciones de segundo, sueño con ser esteticista. Todo tan ordenado, tan pautado…  Cada terapia tiene los mismos movimientos, el mismo tiempo, los mismos productos. Sabes en cada momento qué paso sigue al previo, y cuál irá más tarde, sin margen a la improvisación, a la locura. No pensar, sólo seguir pautas, certezas. Control.

Cuando la calma se aquilata en tus horarios, los minutos se extienden, el tiempo libre, antes inexistente, ahora desborda previsiones y capacidades, me cambiaría por un acróbata, o por una productora de teatro en México, para cercenar la añoranza del caos que justifica que tu vida sea precisamente así. Hay frenazos que sacan a la cuneta.

Cuando se agotan calendarios, pondría en mi curriculum otras yo que quieren ser y que deberían haber sido. Aún puede ser que… Algún día… El curriculum cambie.

Cuaresma apócrifa. E integrada

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I Pregón Heterodoxo de la Semana Santa de Sevilla por Manu Sánchez (de mi iG)

Mucho cachondeíto, Fernando, con mi Cuaresma. Pero te voy a dejar muerto, Fernando. Que llevo una Cuaresma de lo más entregá, pa que luego digas.

Aquí, donde tú me ves, este año he ido a un triduo. Vale que lleva por título “Apócrifos e integrados“, pero es un triduo al fin y al cabo. El que ha organizado la revista Lamuy. Y allí me empapé de los orígenes populares de la Semana Santa, su trayectoria, su vocación icónica para el pueblo.

Aquí, donde tú me ves, me he leído ya a Chaves Nogales y su Semana Santa de Sevilla; que vale que es un gusto siempre su prosa sin alharacas y concisa, pero muero con su petición de una revisión de la Semana Santa con criterio “laico y nuevo”; y lo hizo en los años 20 del siglo pasado.

Aquí, donde tú me ves, he ido hoy a un Pregón heterodoxo, el que ha dado mi Manu Sánchez con su amor a la semana santa, su sapiencia y laicidad. Yo, que prometí que el de Juan Manzorro (pregón ése ortodoxo y magnífico) sería el único al que acudiría. Incluso escuché el jueves la entrevista (bueno, media entrevista) al capataz Martín Gómez.

Y ando dándole vuelta a la Semana Santa como una fiesta laica, popular y moderna. Y ésto me lo quedé del historiador César Rina quien aseveró en el triduo con vehemencia “la semana santa es puro presente, ¿cómo no va a ser moderna?”.

Porque acercarme así es la única manera de poder sortear la contradicción de que algún día pudiera llegar a gustarme la Semana Santa. Y ya me veo yo de mantilla.

Apocalipsis caletero

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17265135_10211180889665552_3322419080844879453_nUna amiga alucinó un día que vino a Cádiz y vio a toda la gente paseándose por la ciudad con sillas de playas ralladas. Yo no había caído en la rareza de ese gesto comunitario que nos une a los de costa: ¡Complementos para la playa! Qué rareza! Pero es que a mi kit caletero, que hasta la semana pasada sumaba a la silla la protección solar y el libro; ahora le voy a añadir sin pensarlo unos manguitos o un salvavidas de esos naranjas, aunque arruine el top less. Que el viernes vi el trailer de la Gran Ola, sólo el trailer, y ando acojonada y tatuándome los procedimientos de respuesta ante sismos y tsunamis.

Al principio la cosa era espeluznante por lo estético, porque salía La Caleta asolada por el efecto de una ola gigante. ¡Mi Caleta! ¡Como en un apocalipsis gadita, sin un sólo caletero! (que los genuinos se bañan todos y cada uno de los días). Pero es que, a lo largo del documental, 40 expertos evidencian que lo del maremoto aquel que se comió La Viña hasta que la Virgen de la Palma dijo “hasta aquí llegamos” no fue un hecho aislado, que hay una zona sísmica en el Golfo de Cádiz que propicia que se repita en el momento más insospechado.

Y nadie hace la previsión para que podamos actuar cuando ocurra. Nadie. Que deberíamos estar haciendo simulacros caleteros con bocata de tortilla y bingo, con el Ardentía dando instrucciones desde megafonía y las maris corriendo desorinadas mientras intentamos salir de todo ese caos. Nadie se toma en serio una amenaza que parece ceñirse sobre nosotros mientras, ajenos a todo, seguimos arriesgándonos por el mero hecho de caletear. Ya estoy yo en wallapop comprando el salvavidas que si es por la peña…

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 21 de marzo de 2017 

Yo quiero ser La Koki

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La Koki en Carnaval Chiquito 2017 (Foto de mi IG)

Yo, de pequeña, quería salir en el coro de Adela del Moral, pero se retiró antes de que pudiera cumplir mi sueño. Aún creo que puedo cantarme La Viudita Naviera, Watussi . Más tarde, quise ser como La Koki, la primera mujer a la que vi en el carnaval de la calle con un ingenio y una desvergüenza que supe que nunca tendría. Pero aún así, quería ser como La Koki. Y aún hoy, ojalá fuera como La Koki.

Renové mi vocación con Ana López Segovia, con su Despedida de soltera y mis primeras entrevistas para el Diario. Y después con Alicia y todas las niñas de las Ninfas por cojones a las que he seguido desde entonces.

Quiero ser, ya a mis taitantos, como Alba y como Millán, mujeres en una Final del Falla en chirigota y en comparsa, rompiendo barreras -también mentales- en una fiesta con aún demasiadas.

Quiero ser como ellas, quiero mirarme en ellas. Y espero que, si alguna vez tengo hijas, se referencien en ellas para entender que en el carnaval, como en la vida, tenemos que jugar otros papeles y reivindicar nuestro sitio.

Las letras comprometidas son preciosas, vellitos de punta. Pero que en todo el mundo se viera a Alba tocando el bombo sin complejos o a Millán defendiendo a Los Irracionales ha hecho más por nuestra pelea que la eliminación de las ninfas, que sigo celebrando. Yo quiero ser La Koki, Ana, Alicia, Alba, Millán porque ellas sí han sido valientes como para abrir camino.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 14 de marzo 

Tu legado y mi Carnaval

img_6106Hasta ahora, era una palabra más del diccionario. Sólo hace unas semanas sentí la dimensión de lo que engloba: ese frío sin mesura que se apodera de cada poro, de cada hueso, impidiendo que entre en calor por más que ponga empeño; ese vacío trascendental que me dice que no voy a volver a verte nunca más, ni a sentirte, ni a discutir contigo. Es una certeza que duele, que llega al centro del pecho, que explota y se retuerce, que se arraiga y no se desprende.

Orfandad.

Y no sé que hacer con esto que siento. Con esos sms que ya no te mandaré. Con esos besos que no te daré. Con las conversaciones de política que ya no tendremos. No sé mirar el Diario de Cádiz sin recordar tu militancia diaria; ni comer huevo hilado sin ver cómo lo traías cada Nochebuena, ni los huesos de santo que me regalabas en un paquetito cómplice. No sé qué hacer con este remordimiento por todo el tiempo que no pasé contigo; por las visitas y los ratos que te racaneé; por los desencuentros que dejé que nos distanciaran en más ocasiones de las que debiera.

Y por contra, canto. Canto a diario: tus canciones de la mili, tus coplas de carnaval -la peculiar banda sonora de muestra infancia-. Porque hoy y cada día, el carnaval me suena a ti, el carnaval me lleva a ti, el carnaval me recuerda a ti. A ti te debemos cada uno de las células de pasión que ponemos en esta fiesta; y las coplas añejas que nos cantiñeábamos sin que tuviéramos edad para conocerlas, como ese pasodoble de Los cristaleros o ese estribillo de Fletilla, que me pongo de vez en cuando para sonreírme de nuevo. Porque ahí estamos tú y yo felices, cómplices. El mismo Carnaval que Keco ha vivido este año como nunca, con un premio que ha compartido contigo antes que con nadie, porque es tuyo más que de nadie.

Tenían razón quienes me lo decían. Te lloro y te sonrío. Te extraño y te recuerdo con un amor infinito; el que igual no te demostré como debía. El que se ha materializado ocupando el hueco que ha dejado tu marcha y que se agranda por momentos. Te sonrío en cada pensamiento, en cada imagen, en cada copla. Te pienso y te sonrío.

Porque quiero sentirte así. Desde ahora y hasta siempre. Sentirte y sonreírte, y sonreírme porque no quiero que se nuble tu recuerdo ni mi añoranza. Y porque sé, Papá, que te fuiste sabiéndonos a tu lado siempre, agarrado de mi mano, como me pedías.

Y así transitaré del frío huérfano a la calidez de tu recuerdo. Y seguiré cantando mientras te recuerdo. Y seguiré sintiendo el carnaval como parte de tu legado. Como cuando cantaba contigo aquel “y chorreaba de aceite linaza” sin saber ni qué estaba cantando.

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