La pieza que faltaba en mi rompecabezas

Sólo éramos tres amigas que apurábamos la vida universitaria compartiendo piso y vivencias. Sólo éramos tres amigas que apuntábamos inquietudes cinéfilas y literarias por las que cambiábamos noches de botellona. Sólo éramos tres amigas que una noche -hace algo así como trece años ¡Madre del cielo!- salimos entusiasmadas por una joya que acabábamos de disfrutar. Fue en versión original, en los cine Avenida, tan a mano, tan distintos, tan nuestros.

No había vuelto a ver Chasing Amy desde entonces. Y hace unas semanas la recuperé por extraños caprichos del destino -vino con una colección de un periódico- cuando la había buscado por cielo y tierra recogiendo siempre la respuesta de su descatalogación. No había vuelto a ver Persiguiendo a Amy desde entonces y, aunque probablemente yo no sea la misma de aquella época y la película denote el paso de los años -más que nada, en la estética- volví a sentir mucho de lo que hace trienios esta historia me movió.

Y mira que es una película sin pretensiones, tal y como apuntó mi amigo Guille, pero con un guión original, unos diálogos inteligentes, enlazados con mimo, salpicada de guiños frikis que la hacen más encantadora. Persiguiendo a Amy es un canto a lo distinto, a la libertad, a la huida del encorsetamiento pero también es la constatación de cómo los prejuicios acaban desmoronando las mejores intenciones. Es una historia sencilla, de errores, de celos, de amistad, de amor.

Descubrirse como persona, conocerse y tomar determinadas sendas no es tarea fácil (“Igual a ti te dijeron que tu camino era de A a B pero a mi no me dieron un mapa” oímos en uno de los diálogos más encendidos) y las frustraciones y los temores asoman cuando se emprenden caminos que no son los habituales. No, definitivamente, amar no es fácil. Y en ocasiones, o la mayor parte de las veces, es demasiada la generosidad que requiere perdonar, olvidar y no mirar atrás, a pesar de tener la constancia de que el otro es “la pieza que le faltaba” al rompecabezas de la vida. Y llega la melancolía, el arrepentimiento y esa sensación de estar siempre “buscando a Amy” (quien lo apunta es el propio director Kevin Smith, en uno de sus habituales cameos en películas propias como Bob el silencioso).

Pues eso, que he vuelto a ver la película 13 años después. Y la he vuelto a saborear, ya sin mis dos amigas al lado y con algunas vivencias engordando la pátina de mi propia vida. Y he vuelto a sentir que el cine no tiene que ser ostentoso, ni costoso, ni espectacular para moverte por dentro. Porque son este tipo de sensaciones que llevan a pegarte a la pantalla, que te hacen llorar o reír, las que hacen que merezca la pena.

P.D. Si os gusta ésta, no os perdáis Dogma, otra de las pelis de este director con un cameo espectacular, por el personaje y por su papel.

10 pensamientos en “La pieza que faltaba en mi rompecabezas

  1. Me encanta tu descripción!!! y, sabes lo peor?! Que no la he visto!!!! Pecadoooooooooooo!!!!
    Me la apunto a la de ya, a ver si me hago con ella y la veo pronto.

    Un besote enorme wapetona!!!

    • ¡Pues eso tienes que arreglarlo ya! Creo que es una película que, realmente, merece la pena aunque estas cosas son tan personales… Ya me dirás si la ves y si te gusta. Gracias, Tere y perdona el retraso en contestar. Pensaba que ya lo había hecho

  2. Hola Taite!
    Cuánto tiempo (y cómo pasa)! Me alegra un montón saber de tí y tus circunstancias (y que no has perdido, mejorado diría yo, tu gran y buen sentido del humor)! Y ya me dejo de exclamaciones, aunque podría poner unas cuantas más (como decían en Fresa y Chocolate, otra muy buena película para rescatar,: “hoy es un buen día, encuentro maravillas”, creo recordar). Por cuestiones del azar y la curiosidad (también el trasnochar, y supongo, seamos sinceros, que mayormente por la nostalgia de los buenos momentos pasados) me he engancachado leyendo algunos de tus artículos y reconozco que me encantan, además de compartir muchos gustos y opiniones. Los seguiré gozando poco a poco, como se hacen con las cosas deliciosas; amén de que ésto de las nuevas tecnologías me ha pillado un poco con el pie cambiado (por no decir que todavía pintando bisontes en las paredes). Curiosamente también estuve buscando desesperadamente esta peli por su pequeño gran encanto; qué diálogos, qué frecura!!. Me atrevería a pensar (y espero acertar, aunque a lo mejor ya has tenido ese placer) que en esa línea te gustarían: “Io sono l´amore”, “No estoy hecho para ser amado” y sobre todo, relajate y disfruta con “La chica del puente” del gran Patrice Leconte (magistrales Vanessa Paradis y el camaleónico Daniel Auteuil), qué estética, qué fotografía en blanco y negro, qué diálogos y qué “peaaasso” de escena erótica sin enseñar nada y mostrar todo y/o viceversa (se nota mucho que me apasiono?). Sigo siendo un romántico cinéfilo.
    Otro día hablamos de música.
    Por cierto, soy uno de esos dos locos bajitos que hace mucho tiempo les dió por desparramar en las alturas de Bulgaria, vos acordáis?.
    Un besito

    • Javier. No puedo más que celebrar que los trasnoches, la tecnología, la nostalgia, el azar o lo que quiera que te haya traído a este rinconcito lo hayan propiciado. Recuerdo perfectamente a aquellos bajitos con los que conecté musical, cinéfila y afectivamente en esos trotes por las montañas búlgaras que, he de decir, es uno de los viajes que más y mejor recuerdo por todo lo que tuvo de mágico. Por cierto, ¿cómo anda el otro parejo de esta extraña pareja? je je
      Gracias por tus recomendaciones, que seguiré devotamente, gracias por expresar pasión en todos estos temas. Y gracias por pasarte y dejarme este saludo que me ha hecho más ilusión por lo que de reencuentro tiene que por el saludo en sí, que mira que es completo. Si te quedas encima y atiendes a mis pamplinas, es un lujazo.
      Así que te insisto en que agradezco a lo que quiera que te haya traído aquí porque celebro recuperar contactos que nunca debimos haber perdido. Un beso enorme

      • Qué hay de nuevo,Taite!
        Joeeé, ahora ya no se si te contesto a tí o a to er universo entero (sigo sin saber cómo va ésto, y francamente creo que me da igual); bueno, tampoco tengo secretos inconfesables (JAAAÁ!!!, diran algunas). Por supuesto, qué maravilloso y extraño viaje fue áquel!!, cuántas veces lo habremos comentado (e intentado repetir); ha habido otros muchos buenos también, pero aquel! (yo estuve allí). El otro parejo lo acabo de dejar después de tomar unas cervezonas hace unos minutos; seguimos en la brecha. Y más ahora, que por azares del destino vamos a trabajar juntos en el escáner de contenedores de Tenerife (lo que nos faltaba pal duro, radiaciones por un tubo). Sigue tan particular como siempre (en el buen sentido de las palabras, y no soy yo el más indicado para hablar de ralezas). Qué curioso volver a hablar de cine y de música contigo, y por cierto, también me puedo morir a gusto, escuche a Dulces Pontes hace años en el teatro Guimera de S/C presentando el disco de “Lágrimas” y salí con la sensación de haber escuchado a un ángel en directo, esa personita tan menuda en un traje blanco de puntillas llenando todo un teatro con la voz a acapela nos llevó a tocar el cielo. Casi lo mismo que Russian Red en el Leal presentando “I hate your glasses” (qué tendrán esas menudas!!). Pero otro día hablamos de músicas del mundo. Es un placer volver a escucharte, incluso sin oír el sonido de tu voz. Me gusta como cuentas las cosas, no dejes de hacerlo.
        Boas noites y moitos beijinhos!
        Seguimos en contacto.

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