Porqués y zarpazos

13335747_10208597732248231_6655785112544221430_nEn ocasiones me revoloteaban como pequeños abejorros que intentaba despejar a zarpazos. Eran momentos, apenas unos instantes, en los que me tentaban, me acechaban antes de que consiguiera hacerlos desaparecer.

En ocasiones regurgitaba algunos porqués. Por qué si no querías una relación… Por qué conmigo no… Y les acompañaba la tentación echar mano del flagelo con el me castigo sin piedad en cuanto se tercia.

Pero los despejé a zarpazos, me los quité de encima con determinación, no dejo que se posen ni reposen. Porque los porqués no tienen sentido ni las respuestas rebajan la añoranza, porque saber no ayuda a superarlo ni cambia en nada los ser, ni los estar, ni los quedarse, ni los irse.

Porque querer estar -o ser, o quedarse, incluso irse- es una opción ambivalente y reversible. Y revisable. Y revocable. Sin que medien motivos ni explicaciones, ni excusas. Porque se quiere o no se quiere -ser, estar, quedarse o incluso irse-; o se quiere ahora, pero mañana no; o ni hoy, ni mañana. Y es voluntario. Y cuando la voluntad se viste de no, qué mas da por qué.

Sólo queda aceptar, replegar, asumir y mirar para adelante. Y mantener intacto el cariño y el respeto. Y despejar a zarpazos los porqués que en ocasiones revolotean como abejorros, y la tentación de flagelarme. Porque no cabe rencor en el mundo de la voluntad, no cabe reproches donde no hay ataduras, no cabe reclamar si uno de los dos se planta.

Porque los motivos no rebajan las añoranzas, que han de pasar. Toca mirar hacia adelante sin que nada lastre tus pasos, los que necesitas para caminar tu vida con la libertad que da desprenderte de todo. También de los porqués.

Lo epidérmico

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Siempre mirando para otro lado (de mi IG)

Mi Cádiz está estancada, con unos niveles de desempleo inasumibles, una brecha social devastadora, una juventud sin futuro y un desarrollo mal gestionado; pero nos enredamos toda la semana hablando de la culpa de unas mulas en el deslucimiento de una procesión Magna Mariana, que como título de tesis tiene su aquel pero como tema de actualidad da mucha vergüenza. Da igual si el problema son las acémilas en sí o que los cargaores no quieren llevar los pies llenos de boñigas… se trata de echar horas hablando de lo epidérmico y obviar el fondo: antes fue la fecha fija o no para el Carnaval, el adiós a las ninfas y las diosas o hasta el nombre del Estadio.

Nos enredamos en debates nimios mientras se nos cuelan por las rendijas del día a día subvenciones que se pierden por inoperancia, proyectos que no llegan por indolencia, o mi eterno conflicto: el peaje, que no nos lo van a quitar sin que hagamos nada por pelearlo. Ahí está todo. Qué más da. Lo que importa es la procesión de vírgenes reunidas y la ausencia del Rocío por muleros motivos.

Así es Cádiz. Mi Cádiz. El que amo tanto como me duele. Y que no es tan diferente del resto aunque sí más exagerado. Porque en españa andamos que si gana o no el Real Madrid la liga, si a una famosa le ha dado un chungo que retransmitimos en directo con todo lujo de detalles, o las peleas fraticidas que desmontan ideologías; mientras nos acostumbramos con una capacidad de adaptación qye habría asombrado al propio darwin a que se destape la corrupción sin que nos duela ni nos huela (o mas bien nos apeste); sin que la combatamos ni nos indigne. Pero las mulas sí, menuda desfachatez.

Yo sí que quiero una moción de censura. Pero de la realidad.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 23 de mayo de 2017 

Con el peaje no se cantinflea

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Ajolá (de mi IG)

Desengañémosnos: no nos van a quitar el peaje. Échenme cuenta, sé lo que me digo.

El ministro de Fomento no hace más que cantinflear cuando le pregunta, el delegado del Gobierno en Andalucía no hace más que cantinflear cuando se le interroga. Y una, que lleva veinte años analizando qué y cómo dicen las cosas los políticos, tiene la certeza de que van a seguir metiéndonos doblados esos 7,20 euros que me arranco cada viernes y domingo de las entrañas desde que tuve que emigrar de Cádiz porque era una ciudad sin presente ni futuro.

Dicen que “no se va a renovar el peaje” cuando la segunda prórroga interminable termine, que no veas si está medida la frase. Un peaje que es de pago desde el 69 y que no dicen nunca que se va a acabar. ¿Ustedes lo han oído? Porque yo no hago más que escrutar buscando certezas y ninguno. Sólo que si se verá qué pasa, que si el mantenimiento… Como diría Cantinflas: “Ahí está el detalle: que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario”.

Han rescatado autopistas no rentables, ruinosas, asumidas por el Gobierno y pagadas por todos. Pero ésta, tan rentable y tan limitante para la economía de una ciudad que se desangra, es un negocio seguro que hay que mantener para el lucro de las empresas.

Quiero que el ministro diga “no se va a pagar más por ir a Cádiz a partir del 19” y que lo coreen los delegados del Gobierno de Andalucía, Sevilla, Cádiz. Sólo entonces seré capaz de creérmelo. O igual, cuando deje de rascarme el bolsillo y llegar a la Tacita de Plata no esté penalizado.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 16 de mayo de 2017 

Justo como a mí me pone

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Leyendo (de mi IG)

Tengo una perversión. Confesable. Me pone que me pongan, intelectualmente hablando. Me puede que me sacudan y me zarandeen; y me dejen en un sitio, descolocada, y con una perspectiva nunca vista ni prevista. Me apasiona discutir apasionadamente, intentar convencer y dejar que me lleguen argumentos novedosos; con vehemencia propia y ajena. Me gusta intentar pensar distinto y  dudar de lo establecido. Me pone, me puede, ¿qué hago?

Por eso he disfrutado tanto del libro El pasodoble interminable, de Juan Carlos Aragón. Porque me ha llevado a otro prisma de la misma realidad que yo vivo, la del Carnaval, pero por dentro y desde dentro; porque me ha movido ideas asentadas sobre la fiesta, sobre su deriva, sobre la evolución, sobre su dimensión.

Porque me han enfrentado a un Cádiz que amo tanto como me desconcierta, incluso me he desconcertado descubríendome parte de ese Cádiz que amo; y también del que me supera. Porque me ha desgranado y diseccionado ideas sobre la fe, la religión, las creencias; en un tratado de filosofía juancarlista dentro de un libro surrealista sobre carnaval.

Y porque estaba tan bien escrito que sólo podía disfrutarlo y envidiarlo, a partes iguales, porque escribir asi -al 3×4 y en una novela- es un don. Y porque destilaba mardá, de la güena, de la de Cádi, de la que revienta con arte y retranca, que te arranca joputas por frase. Y a pesar de que en ocasiones parece el Mesias, poseedor de la verdad de la vida, de la esencia del carnaval; es al fin y al cabo Juan Carlos. Y se nos muestra en un pasodoble interminable que me descolocó, justo como a mi me pone.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 9 de mayo de 2017 

Sin (El) Perdón

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Enfrentados

Enfrentados (De mi IG, tomada en Izamal -México-)

Quince años en colegio de monjas, quince. Toda mi infancia y juventud aprendiendo todo lo que había que memorizar de liturgias y ritos de la religión católica. Y nunca, ni en los mandamientos ni en nada parecido, leí un “serás ejemplarizante hasta el extremo contra aquel que te contraríe”. Igual, en el tiempo que llevo fuera de esto han cambiado las cosas, pero me daba la intuición que, con el Papa Francisco enfrente, estaba llegando más temple y se estaba abandonando la radicalidad.

Yo en cambio aprendí aquello de “perdona a tu pueblo señor, perdona a tu pueblo, perdónale señor”; o lo de “perdónalos porque no saben lo que hacen”, lo de poner la otra mejilla, incluso lo de que la soberbia era un pecado capital ¿o era el orgullo? 

Porque leo que el Obispado de Cádiz castiga a El Perdón prohibiéndole procesionar en las dos próximas Semanas Santas. ¿Es un castigo a El Perdón, a su Junta de Gobierno o a los cofrades de Cádiz? Así, sin saber -y disculpen la osadía- creo que esta fiesta -sí la de la Semana Santa- es mas grande con la salida de esta Hermandad y una madrugá completa para el disfrute de todos.

Y aclaro que para mi El Perdón era la excusa perfecta para que me dejaran llegar a casa de madrugada cuando, en la pubertad, los horarios me constreñían. Ya no necesito coartadas a mis taitantos. pero no paro de pensar en los pobres chavales que, en los dos próximos años, no sé a qué podrán recurrir para llegar a casa bien entrado el día. Estos obispos castigadores que no tienen perdón para El Perdón.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 2 de mayo de 2017