Coge mi mano

Espiral con salida. Viaje a Sintra

Espiral con salida. Viaje a Sintra

Yo te presto mi sonrisa, si es lo que te hace falta. Yo te contagio mis fuerzas, si es lo que necesitas. Yo te regalo mi tiempo, mi determinación; no la que me sobra, no; esa que tengo para mi y a la que me agarro cada día… Dime qué más puedo hacer, dime. Dame una señal que me oriente a cómo ayudarte. Grítame, llórame, enfádate conmigo. Pero no me pidas que siga así; sin alargarte la mano y viéndote caer; sin abrazarte y hablarte, mientras desenvainas espinas; aguantándome palabras a la vez que secuencias silencios.

No soy capaz, no me lo pidas. No puedo más, no me reiteres. No sigas dejándome a un lado, que ya no te voy a echar cuenta, ya lo he hecho más de lo que debía. Porque la única certeza que me ha acompañado en la mayor parte de mi vida ha sido la de que caminabas conmigo. Y la de que yo lo hacía a tu vera. Y sea lo que sea lo que tengamos que hacer, que también esta vez lo hagamos juntas; como otras tantas veces, como siempre.

Ni sueñes con que voy a desistir; no ya de seguir aquí y esperar a que reacciones. No. Voy a ser proactiva, voy a zarandearte, a interpelarte, a buscarte. Porque no puedo con este dolor: el tuyo y el mío; más el tuyo que el mío o igual el mío no es más que saber la dimensión del tuyo. Porque soy incapaz de seguir de brazos cruzados mientras hablas sobre -y te dejas abrazar por- desiertos que no tienen fin.

Ya sabes: «no dirán que no lo intentó, la desgraciá». Así que prepárate porque esto no ha acabado aquí. ¿Que treinta años no es nada? No ni ná. Pero sí necesito que cojas mi mano. Como siempre. Y como yo he cogido la tuya. Como siempre

Molinillo y parálisis

El día en que compré Sueño

El día en que compré Sueño

Las personas a las que admiro me producen parálisis. Nunca sé qué decir, cómo reaccionar, cuando me las presentan, cuando me enfrento a ellas; y a fuerza de no querer parecer lela, acabo siendo la peor versión de lo que pudiera ser. No puedo evitarlo. Mi mente funciona a destajo, buscando algo interesante que decir, desdeñando todas las patochadas que relampaguean, plantando en mi cara una sonrisa estúpida y desordenando mis reacciones.

A Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba en Diario de Cádiz. Ya hacia tiempo que su música acompañaba mis días, ya llevaba años alimentándome de su poesía y acompasándome de sus ritmos. Ya compraba, devota, sus discos, apenas salían. Así que a Javier Ruibal lo entrevisté cuando trabajaba Diario de Cádiz. Y frente a Ruibal desplegué la mejor de mis parálisis (que aún hoy perdura).

Apenas si pude articular las preguntas, preparadas. Porque era un Molinillo, y aún ahora, si tuviera que explicar a alguien en qué consistía el Molinillo, creo que no sería capaz de disponer de un argumento convincente. Podría defenderme de un primer asalto de mi interlocutor y asegurar que en esta inconcreción no cabe ni un resquicio de improvisación; o sea, que no es que se dejara todo a una suerte de frenesí de última hora; pero mentiría porque algo del vértigo de no llegar también había. Pero, sobre todo, mi incapacidad para definir esta sección (que se publicó en Diario de Cádiz allá por el 2002) radica en que el concepto del Molinillo se atenía a unas claves que Tano Ramos (el que lo gestó y parió y que contó conmigo como firma alterna) y yo teníamos bien interiorizadas, aunque no fueran explícitas. Algo como «lo tengo todo aquí».

Coincidíamos en que tenía que ser una entrevista diferente a gente diferente. Y por ello huíamos de los “portavoces incondicionales”, aquellos que siempre llenaban las páginas del medio en cuya plantilla nos incluíamos. Sólo dos políticos encontraron un hueco entre nuestro desquiciado elenco de invitados junto al entonces entrenador del Cádiz, a letrados, a voluntarias, arqueólogas, profesores, músicos… Todos tenían un nexo común: se descontextualizaban en parte de lo que eran y representaban y se vestían con un traje de ciudadano que opinaba de la actualidad, que exponía su criterio sobre lo que acontecía a su alrededor.

Así que Ruibal fue uno de los elegidos, por músico, por gente diferente. Porque si. Y en esa descontextualización como ciudadano hace gala de la coherencia y el compromiso que aún hoy, trece años después, le caracteriza; si acaso (ahora) agudizado por la pátina del tiempo, por la experiencia de la madurez; por la vida. Y asombra la vigencia de muchos temas, trienios después.

Podría volver a contar lo que la música de Ruibal significa para mi, pero ya lo he hecho aquí, aquí, aquí. Y no es plan de ponerse empalagosa. Ni caer en lo patológico. Sólo que, aprovechando que esta semana celebra 35 años en la música, aprovecho yo para recuperar esta entrevista, para asombrarme con la actualidad de los temas, para reivindicar al músico y a la persona. Incluso para recordar lo que fui.

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002

Entrevista en Diario de Cádiz. Nociembre de 2002