Primero y último

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Silla de confidente en Mérida (México) de mi IG

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Antes vinieron otros muchos pero ninguno tenía ese sabor de la certeza y, si acaso, estaban salpimentados con deseo, ansias, ilusión y ganas.

Éste daba diana en la papila del amor, si es que hay alguna especializada en esa detección -y que complemente las que alertan sobre el dulce, el salado, el ácido y el amargo-; o si acaso se trató de una activación simultánea de todas a la vez, como una traca inabarcable, como si el amor no fuera más que una mezcla más o menos homogénea de todo lo que se puede degustar. Hay veces en que gana lo amargo.

Pausado, detenido, dulce. Un beso que removió todo su cuerpo, ya removido entre sábanas deshechas; que llegó a sus entrañas y regresó a su mente, mientras intentaba mandar órdenes de recolocación inmediata.

“Me ha alegrado verte”, acertó a decir.

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Y que sería justamente el último.

Qué fuerza tienen

Decorado de Ay Carmela en muestra de los Goya en Sevilla

Decorado de Ay Carmela en muestra de los Goya en Sevilla

Tal vez algún día, tal vez, se llene este vacío que hoy habita donde antes hubo tanto. Han sido las palabras, ya ves qué fuerza tienen, las que han barrido sentimientos y recuerdos, ilusiones y sinsabores, alegrías desbordantes y desencantos. Apenas unas palabras, ya ves qué fuerza tienen, y todo se ha desintegrado dejando lugar a la nada. No es dolor, no; ni nostalgia, tampoco; ni siquiera rencor lo que ha quedado. No. Simplemente no hay nada. La decepción tiene eso, sobre todo cuando es tan grande, desmonta los sentimientos y los relega al olvido. Y no te deja ni un pequeño resquicio que te arranque una sonrisa. Porque ya no hay nada de lo que antes había. ¿Lo había? Porque han sido unas palabras, ya ves qué fuerza tienen, las que han puesto cada sentimiento en su sitio: los tuyos donde debían estar y los míos en el justo sitio del que no debieron salir. Y tanto tiempo se resume en unas palabras, y tanta fuerza se desvanece en unas palabras y todos los recuerdos se limitan a unas palabras. Ya ves qué fuerza tienen.