Defina normalidad

Maniquí en Alicante. Foto de hada

Llaman de una productora:

-Hola, queremos hacer un reportaje del tipo reality a una joven (menor) que se ha quedado embarazada. Tanto ella como los padres están de acuerdo. Queremos abordarlo desde la normalidad porque la familia lo ha asumido así: ha adecuado la casa para recibir al bebé y ella ha cambiado el horario de clase para poder atenderlo, todo desde la más absoluta normalidad. Tendríamos que acompañarla a alguna consulta y a las clases de preparación al parto.

Cada día recibimos decenas de peticiones para mostrar los distintos aspectos de la sanidad en distintos formatos, bien para informativos, bien para programas de documentales –ya sea como Informe Semanal o Los Reporteros o del tipo Callejeros o Vidas Anónimas— bien para algunos temáticos de medicina que están proliferando —El Cirujano, Cuerpo Médico, Yo, médico. En estos casos sólo somos medias intermediarias, que intentamos organizar todo para facilitar la labor de los medios, buscar profesionales que se expresen bien e intentar interferir lo menos posible en el día a día de los centros. Y por supuesto, velar por intimidad de los pacientes.

En este caso es una menor, y ya he hablado aquí las trabas con las que nos encontramos en estos casos. Pero más allá de lo técnico, de la posibilidad o no de hacerlo y poder disponerlo todo, me pregunto ¿tiene la institución sanitaria prestarse a dar esta imagen de normalidad a algo que me niego a pensar que lo es? ¿Tiene la organización que contribuir a trasladar a otras chavalas, a la sociedad, que no hay mayor problema por que una menor se quede embarazada? Si tenemos que hacer educación para la salud, ¿es ésta una manera de hacerlo? ¿es un prejuicio mío? ¿Vosotros qué opináis?

¡Ni que fuera yo Bin Laden!

Congreso ANIS oviedo

Mis anotaciones para el taller de Oviedo (fotomontaje)

Hace un año ya de mi pequeña aportación en el sexto Congreso Nacional de Periodismo Sanitario que se celebró en Oviedo. La mesa en la que participé se llamaba “Entre colegas: diez consejos de un periodista a otro de un gabinete de comunicación y viceversa” y allí nos encontrábamos dos compañeras de El País y de la Ser y un representante de una agencia de comunicación (el único hombre, por cierto, -acostumbrada una a las mesas en masculino-) para intentar alumbrar un espacio común en el que confluye la profesión.

Dejando atrás mis escasas dotes para la oratoria (acabo de descubrir que carezco de inteligencia escénica -si no de más-) sí me gustaría desgranar algunos de los argumentos con los que me planté ante la peña, porque creo que el devenir de los acontecimientos, los derroteros que está tomando la profesión y los ejemplos que nos encontramos día a día me reafirman en muchas de las ideas que intenté trasladar entonces (con dudoso éxito).

Se basaban mis reflexiones en la visión de los gabinetes de prensa que se había dado en un artículo publicado días atrás por la Defensora del Lector de El País donde se hablaba del “férreo control” que ejercíamos o de “intereses meramente partidistas de una fuente”… Se seguía diciendo que “el periodista debe evitar se rehén de sus propias fuentes cuando éstas pretenden propagar falsedades, informaciones tendenciosas o medias verdades”. Entonces pensé, y así lo expresé al auditorio: “¡Ni que fuera yo Bin Laden!”

Hace un año pensaba, como ahora, que la profesión no puede caer en la demonización de una salida profesional digna y respetable, una salida profesional frente a la situación de los medios tradicionales, frente a los EREs y despidos masivos de las redacciones. La comunicación institucional es una vertiente de la comunicación y una manera de hacer periodismo, aunque no siempre se comparta esta idea.

Lo que sí tenemos que conseguir es una profesionalización de esta labor y plasmar nuestro sello de periodista en el día a día. ¿Cómo va a ser eso de que convoquemos a los medios y no se puedan hacer preguntas? ¿Cómo va a ser eso de que me tengan que pedir permiso para preguntar a un político en cualquier acto público? ¿Cómo va a ser eso de fiscalizar las informaciones y controlar los contenidos antes de publicarlo? En todos los casos pienso como periodista que ha ejercido al otro lado, que no consentía que le pidieran las piezas antes de publicar, que no pedía permiso para preguntar.

Y entonces, como ahora, hablaba de la eficiencia y la credibilidad como dos pilares de nuestro trabajo sin los que realmente no somos nada porque ni somos útiles a nuestra institución ni somos útiles a los medios de comunicación. La experiencia, dilatada, como reportera nos ayuda a entender, a conocer y, sobre todo, a saber qué “toca las pelotas” (creo que usé esa expresión, tan políticamente correcta y con la que mi madre estaría tan contenta). Y entonces, como ahora, creo que el rigor, que ha de regir la labor periodística a uno y otro lado, conlleva tiempo y a veces no casa bien con la inmediatez de la que nos dotamos y nos dotan las nuevas herramientas.

Con los nervios (llevo fatal lo de hablar en público y algunos lo habéis constatado) no recuerdo haber terminado de una manera tan épica pero hoy, releyendo los tuits de entonces, creo que no quedó ni mal aquello: “Amo el periodismo, le echo todo el tiempo a esto, tened piedad de mi”.

En fin, que cuento todo esto porque recuerdo que hace un año de aquel encuentro, lo que significa que estamos a las puertas de participar en una nueva cita, en una nueva edición del Congreso de Periodismo Sanitario, esta vez en Granada y el próximo fin de semana, al que acudiremos con ganas de aprender, de compartir y de conocer a gente nueva. Un congreso que será posible gracias al compromiso de la ANIS y de la junta directiva y a pesar de los “imprevistos” de última hora. Y donde se hablará de salud pública y de investigación y donde habrá ponentes de excepción gracias a un programa elaborado con mimo y con ganas de hacer las cosas de otra manera. Por cierto,  Montse Carrasco pide tu colaboración para su taller de “Herramientas del periodismo en la nube” así que no dejes de hacerlo.