Fuera fajas

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fajas

Tienda en Camden Town (de mi IG)

Siempre he pensado que el mayor gesto de evolución de la especie es que las mujeres ya no llevemos faja. Vale que hay alguna prenda interior que te contiene tantito las carnes -ahora le llaman moldear-, pero no esos refajos forjados en Vigorito, de color carne, que le veía yo quitarse a mi abuela con más alivio que llegar a final de mes, dejando una estela de surcos y costurones que se rascaba con ahínco.

Ahora no podemos rascarnos señales “fajísticas” porque lo que nos sobra nos lo quitan a golpe de photoshop, desvirtuando mitos y rebajando carnes, como han hecho con la Cardinale en Cannes. Aberraciones de la técnica y de los cánones de belleza que nos siguen apretando y asfixiando sin lycra de por medio.

Tampoco podemos aliviarnos de sacarnos las leyes que nos constriñen, como esa que ha condenado a una chavala por una broma sobre Carrero Blanco… Aquí, como somos lenguaraces y desvergonzados, lo llevamos con más desahogo, que para eso es la cuna del ingenio. Pero el precedente da miedo. Y comienza a apretar.

Dijimos fuera a las fajas físicas, como un acto de rebeldía, y nos dejamos las mentales, las que nos imponen y las que nos imponemos. Éstas no las venden en Amalia ni en el piojito porque son más sutiles y más peligrosas. Pero yo confío que llegue el día en que también nos las quitemos de encima. !!Basta de fajas y de mordazas!!. Aunque, mientras llegue, nos quedará el alivio de rascarnos con ahínco las costuras.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 18 de abril de 2017 

Yo quiero ser La Koki

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La Koki en Carnaval Chiquito 2017 (Foto de mi IG)

Yo, de pequeña, quería salir en el coro de Adela del Moral, pero se retiró antes de que pudiera cumplir mi sueño. Aún creo que puedo cantarme La Viudita Naviera, Watussi . Más tarde, quise ser como La Koki, la primera mujer a la que vi en el carnaval de la calle con un ingenio y una desvergüenza que supe que nunca tendría. Pero aún así, quería ser como La Koki. Y aún hoy, ojalá fuera como La Koki.

Renové mi vocación con Ana López Segovia, con su Despedida de soltera y mis primeras entrevistas para el Diario. Y después con Alicia y todas las niñas de las Ninfas por cojones a las que he seguido desde entonces.

Quiero ser, ya a mis taitantos, como Alba y como Millán, mujeres en una Final del Falla en chirigota y en comparsa, rompiendo barreras -también mentales- en una fiesta con aún demasiadas.

Quiero ser como ellas, quiero mirarme en ellas. Y espero que, si alguna vez tengo hijas, se referencien en ellas para entender que en el carnaval, como en la vida, tenemos que jugar otros papeles y reivindicar nuestro sitio.

Las letras comprometidas son preciosas, vellitos de punta. Pero que en todo el mundo se viera a Alba tocando el bombo sin complejos o a Millán defendiendo a Los Irracionales ha hecho más por nuestra pelea que la eliminación de las ninfas, que sigo celebrando. Yo quiero ser La Koki, Ana, Alicia, Alba, Millán porque ellas sí han sido valientes como para abrir camino.

Esta columna de opinión tiene la firma de Taite Cortés y se emitió en el programa Al Liquindoi de Canal Sur Radio el 14 de marzo