Los que no daremos

La Caleta

La Caleta

Los besos que no nos dimos duermen sobre alguna roca. O igual los arrancó el levante justo cuando iban a zarpar a los labios del contrario. Tal vez se cayeron en alguna conversación, de esas interminables, de esas sobre todo y sobre nada, mientras jugábamos a no sentir, a no pensar, a no pasar.

Los besos que no nos dimos esperan a ser descorchados, al igual que tantos vinos que aún nos quedan por probar. Incluso a ser descubiertos, como esa lista de manjares pendientes de paladear. Esperan a ser vividos, como tantos días de playa que quisieron ser y no fueron.

Los besos que no nos dimos quedaron colgados de una cancela, a la vera de la Puerta Real, donde no llegaron a protagonizar despedida o bienvenida alguna. Puede que también quedaran a la deriva, entre olas y barquillas; o entre columnas blancas y las luces intermitentes de un faro. O fueron desechados sin más en alguna tasca, entre cáscaras de caracoles y serrín.

Los besos que no nos dimos quien sabe dónde anden, quién sabe a quién les pesen, quién sabe si volverán, por mucho que ellos aguarden. Los besos que no nos dimos son los daños colaterales de andar descompasados, son las víctimas de no coincidir en el espacio y el tiempo, son damnificados de la indecisión.

Los besos que no nos dimos son eso, besos en pasado, besos que no existieron, besos que no hicieron estremecerse a ninguno, besos que no jugaron con la risa y con los nervios, besos que no nos hicieron descubrirnos al otro.

¿Qué será de los pobres besos que no nos daremos?

Me quiero quedar

Oferta en la plaza de San Lorenzo de Sevilla

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Me quiero quedar con lo que me decías, más que con lo que me dijiste, porque o una u otra esconde, si acaso, una exageración. Me quiero quedar con el camino de besos en la espalda cuando por fin creí; y cuando ese pequeño universo era una promesa de un universo mayor. Me quiero quedar con cómo he sido capaz de sentirme, después de tantos años sin sentir. Y me gustaría, por qué no, que en tí también quedara el recuerdo de algo más especial que lo que me fuiste relatando cuando poníamos punto final. Me quiero quedar con risas, con caricias, con besos, con confidencias, con conversaciones a borbotones, con complicidad, con ensamblajes perfectos, con inquietudes compartidas. Me quiero quedar incluso con esa canción que no puedo oir sin que se sucedan todos estos pensamientos. Me quiero quedar con el regusto de lo que fue más que con la añoranza por lo que nunca llegó a ser. Me quiero quedar con lo bueno, con todo lo bueno.

Porque me quiero quedar. Porque me quedo. Porque me quiero.