Cambio de curriculum

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Reflejo y realidad (de mi IG)

¡Qué tentación ésa de inventarme el curriculum! ¡Qué divina cualidad, la de borrar de un plumazo lo que no te gusta de lo que eres y reflejar rotundamente lo que no has llegado a ser! Que tus aspiraciones se concreten y te dibujen, de nuevo; y de cara siempre a la galería.

Hay algo maravilloso en falsear los títulos y diplomas, algo de primario, de gregario, también de fantasioso y puede que hasta de inconformista. Al fin y al cabo, tiene algo de rebelarte con lo establecido, aunque sea lo establecido por ti, aunque tú tengas las herramientas para cambiarlo o las hayas tenido, en algún momento de tu vida.

Yo estoy tentada por momentos. Cambiar mi curriculum, ser otra yo. Pero mi inconsistencia y duda existencial me abre tal abanico, dependiendo del momento, que sería un lío para la galería descubrir en quién he derivado, según el ánimo.

Cuando el estrés me desborda, la vida atosiga sin tiempo y las decisiones se toman en fracciones de segundo, sueño con ser esteticista. Todo tan ordenado, tan pautado…  Cada terapia tiene los mismos movimientos, el mismo tiempo, los mismos productos. Sabes en cada momento qué paso sigue al previo, y cuál irá más tarde, sin margen a la improvisación, a la locura. No pensar, sólo seguir pautas, certezas. Control.

Cuando la calma se aquilata en tus horarios, los minutos se extienden, el tiempo libre, antes inexistente, ahora desborda previsiones y capacidades, me cambiaría por un acróbata, o por una productora de teatro en México, para cercenar la añoranza del caos que justifica que tu vida sea precisamente así. Hay frenazos que sacan a la cuneta.

Cuando se agotan calendarios, pondría en mi curriculum otras yo que quieren ser y que deberían haber sido. Aún puede ser que… Algún día… El curriculum cambie.

Aunque medie un océano

Cartel de una exposición en Cádiz semanas antes de venirme

Cartel de una exposición en Cádiz semanas antes de venirme

No son mi pasado. Y me niego a dejarlos atrás. Son mi presente más inmediato, aunque medie un océano y un cambio de continente y hasta de hemisferio. Y espero que sean mi futuro, los que continúen apoyándome, consolándome, riendo conmigo, alegrándose por mi, compartiendo sus vidas, aunque medie, o no, un océano, un cambio de continente y hasta de hemisferio.

Y mira que hay quien dejas atrás, con más o menos pesar, en tu transcurso vital. Algunos, los que más duelen, quedaron por tu error, por no estar al altura, por fallarles. Y esos siguen formando parte de tus recuerdos, no sin cierto dolor. Y los errores que te llevaron a perderlos para siempre, al menos quedan para enseñarte a ser mejor persona, a tener más compromiso, a hacer tu fidelidad más inquebrantable. Después están los otros: quienes desaparecieron sin más; bien por tu desidia, bien por la suya; por sus malas artes también, porque no aportan a tu día a día lo bueno y equilibrado que tienen que aportar (aunque se vengan mal dadas, aunque se pasen malas épocas, aunque no se den las mejores circunstancias)

No son mi pasado, sí mi presente y mi futuro. Y me lo demuestran a diario con un mensaje por whatsapp (a veces con conversaciones multitudinarias que arrancan sonrisas y carcajadas), con fotos con chocolates y churros, trayéndome atardeceres en mi caleta, con simples “me acuerdo de ti” o con oportunísimos “tú puedes con todo”. Son mi presente, cada día presente, gracias a las tecnologías que tienen tanto de bueno como de malo, que me han permitido conocer a gente maravillosa que después llenan mi vida no virtual, tomando vuelos si hace falta darme un beso de despedida.

Quizás ya la distancia no sea el olvido. O incluso sí, también, claro que sí, para la gente que merecía la pena olvidar (estando o no en España) la gente que sacas de tu vida porque no merecen ni un segundo que compartir con ella. Pero los que te la llenan, los que te abrazan rinconcitos del alma, los que te ayudan a sonreír y a vivir han forjado vínculos tan fuertes que ni mediando un océano, ni cambiando de continente ni de hemisferio se es capaz de romper. Y sus silbidos llegan. Y los tuyos reciben respuesta. Porque aquello de “si me necesitas, silba” sigue funcionando aún aquí.

Y llegan nuevas personas a tu vida con las que no sabes si forjarás este tipo de relación, ya se verá; a las que no sabes si acabarás silbando en demanda de ayda o atendiendo a su chiflido, pero con las que tienes conversaciones que te hacen recapacitar sobre todo esto. Y concluir con cabezonería que no son mi pasado. Seguro mi presente y ojalá también mi futuro. Porque mis amigos son una parte fundamental de lo que yo soy.