Ese punto

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Ese punto (recogida de El Silencio, de mi IG)

A veces me lo imaginaba como una isla huérfana de archipiélago, un accidente geográfico que no debía estar ahí; como un adorno ectópico que quedó desperdigado del cajón de las cosas de ornato, que tan bien encajaron y conformaron tu cara. Y me sonreía para dentro.

Me fascinaba. Tiene algo de un punto suspendido en un abismo al que se resiste a caer. Del inicio del grafiti que nunca llegó a más que la mera intención plasmada en un instante.

Me gustaba besarte justo ahí, besarte ese lugar imposible, ese lunar que asoma como un finisterre sin faro porque es el punto en el que para mí eras más tu.

Besos como proclamas

Días en rouge

Días en rouge

No volaron mariposas en la tripa pero sí el vértigo de volver a sentir. No era el preludio de nada grandioso ni perdurable pero sí darle una oportunidad a lo que quisiera que llegara a ser (o a no ser). No fue un gran beso, apenas uno rápido, que sonaba a trámite aderezado con excusas, pero arrancarlo fue todo un manifiesto, arraigado de convicciones: no iba a dejar de intentarlo.

No, no iba a desistir por mucho que el corazón apenas se hubiera ensamblado desde la última vez que se hizo añicos. Las cicatrices no podían extenderse hasta sus ilusiones. No debía volver a dejar que ese hielo, ciertamente protector, terminara siendo su hogar, por muy cómoda que se hubiera sentido durante años en ese invierno. No podía dejarse vencer; tampoco por los que pisotearon su entrega. Apretó los puños y se dijo “volveré a caerme con todo el equipo”.

Y con esa conciencia de montaña rusa estampó ese beso. Y se quedó en sólo eso. No dio para más. Y nadie más supo que sí; que fue mucho más: la proclama de que no iba a darse por vencida. A pesar de las veces que pisotearon su entrega. A pesar de que volvió a caerse con todo el equipo.