Ni una más, Cádiz

Desconsoladas por la muerte de Michael Jackson

Desconsoladas por la muerte de Michael Jackson

No contadme que Los del Perchero están ya en Encarnación y que su repertorio es otro despliegue de ingenio y brillantez. O bueno, sí. Contádmelo. Y mandadme fotos. Y vídeos. Y audios.

No me insinuéis que las palmas y los tangos se arremolinan por la calle Londres, bajando para la plaza, llegando hasta entrado Hospital de Mujeres. O bueno, sí. Insinuadlo. Gritadlo. Y que las falsetas viajen y crucen el atlántico para que me erice la piel tan lejos de Garaicoechea.

No buscadme en el callejoncito de la calle Rosario, justo al pairo del Levante del Café para ver de qué van este año los Suspiritos de España. Ni mandadme, porque no van a estar, las coplas de los inquilinos de la calle Valenzuela, esos Guatifó (que fueron universitarios, texanos con casinos, banqueros, espías, soneros o fumadores empedernidos) , cuya ausencia este año va a ser mucho más notoria y notada que la mía. Pero no más dolorosa.

Porque la nostalgia lleva días agarrándome en la garganta y bañándome las mejillas. Porque es la primera vez en mi vida de gaditana militante, la primera vez, en la que no estoy arremolinada en las calles para empaparme de coplas y beberme Cádiz en esos rinconcitos que tú y yo sabemos. Porque si bien es la única religión que me permito, perderme esa liturgia sin horario ni sede, duele. Porque esta fiesta loca y libre, ingeniosa y desbordante, es una parte de mi de la que no puedo despojarme.

Y eso que he tenido una buena ración de Carnaval. Sin transistor, ya. Con app y web. Y he tenido cada día un poco del Gran Teatro Falla en el Gran Teatro Molière en el que, entre reunión y reunión, le daba al volumen para enganchar las coplas que pudiera y me dejara los inconvenientes de que el 3×4 suene en otro huso horario. Y eso que he tenido toneladas de cariño del grande, vía app y web, vía twitter y facebook, gracias a Juan, a Javi, Ana y todos los que me han hecho sentirme allí, aunque siguiera aquí, Gavilán Pollero incluido. Y eso que en nuestro grupo de whatsapp estaba on fire comentando las coplas y los cotilleos. Y eso que #lamiamamma me tuvo bien al tanto de la Gambada, el estreno del coro callejero y las glorias de mi hermanito.

Agradezco todo eso. ¡Qué más quieres, Baldomero! Pero necesito más. Necesito encaramarme al palco descubriendo letras y advirtiendo detalles, dejarme llevar por las palmas del teatro, sentir la emoción de los fallos, incluso soltar pamplinas varias a esa alcachofa a la que me había acostumbrado. Necesito sonreírme con los guiris que ya van vestidos de presos o médicos en la mañana del sábado (cosa que sólo hacen los de fuera mientras los de Cádiz vamos a desayunar donde siempre). Necesito despertar el domingo sabiendo que volveremos a quedar tarde, como siempre, pero que Soco, Salu, Pepe, Paz, Ana, Mónica, tal vez Charo e incluso Anago se van a venir y vamos a buscar juntas dónde están las callejeras, cerveza en mano y risa puesta. Necesito reservarme el lunes, ése que ya sabía mi jefa que era impepinable. Y necesito apenarme el Domingo de Piñata. Qué pronto acaba lo bueno. Y desear que llegue el Carnaval Chiquito para despedirme hasta otra.

Prometo dejar de llorar. ¡Qué contradicción en la fiesta de la alegría! Prometo soltar el apipirigañamiento y alegrarme. Y disfrutar con todo lo que me compartáis. Y con que queráis que en cierto modo lo viva yo con vosotros. Tan lejos. Y prometo, como Scarlata, (y cambiando el nabo -blam blam- por un plumero, más dos churretes en la cara) que nunca más volveré a pasar… los carnavales fuera. Ni una más, Cádiz. Como ésta, ni una más.

#güeritaenmexico

Y así comenzaba mi aventura. De la mano de Manu

Y así comenzaba mi aventura. De la mano de Manu

Aquí casi que no soy Taite, no. Aquí soy güerita para casi todos los que no saben mi nombre.

Güerita me gusta porque no tiene dobleces, es puro cariño. Es curioso que para la RAE sea lo mismo el apelativo que usan en México para las rubias que algo vacío o hueco (la RAE dando la razón al viejo mito). Hace ya casi dos meses que soy güerita en un país que me ha dado la bienvenida con toda su riqueza, con todas sus similitudes y sus diferencias con el sitio desde donde vengo, con toda la amabilidad que rezuma, con todo su colorido, con todas sus contradicciones.

Hace casi dos meses ya que me embarqué en esta aventura que está resultando dura a la par que fascinante. Hace casi dos meses que decidí dejar una etapa atrás y abrir un paréntesis que me permitiera seguir aprendiendo, continuar acumulando vivencias que poder atesorar. Hace casi dos meses que vivo en otro huso horario, en otras costumbres, en otra gastronomía, en otro lenguaje. Y sobre todo, con otros desafíos que nada tienen que ver con lo que venía haciendo, incluso tampoco con lo que venía siendo (o sí). Si se trataba de salir de la zona de confort, aquí lo hacemos por la puerta grande. Y conste que no sé si esto es realmente bueno o si tiene si acaso un punto de locura.

No se trataba tanto de cambiar mi vida, que también, pero no fue el punto de partida. No. Se trataba de no perder una oportunidad que se me brindaba de embarcarme en una aventura, en un nuevo reto, abriendo mi mente y mi bagaje. Hoy alguien ha llegado a este blog por un alambicado camino (“a veces quisiera que todo cambiara”) y más allá de la reflexión de que nunca he tenido a Google por un oráculo (desconozco qué extraño algoritmo ha funcionado), no he parado de pensar en esa necesidad de ruptura que en ocasiones se siente y asfixia. Hay quienes se cortan el pelo, se lo tiñen de un color extraordinario, hay quienes se compran un coche, una bici o lo que sea, hay quienes simplemente conviven con él. Igual yo no habría hecho nada, no, no era el punto de partida cambiar mi vida. Igual no soy tan valiente como Fátima (ni me quedaría tan bien el rojo). Solamente me subí a un tren que pasó por mi lado, que vino hacia mi, en forma de confianza, de entusiasmo, de brillantez y de valentía (y conste que estos adjetivos no son para mi sino para quien me jaló de la mano y me propuso como destino un Destino en México).

Siempre he sentido el apoyo de los míos, el cariño y el soporte. Pero en esta aventura los he tenido realmente cerca, los sigo teniendo cerca. Me han animado, me han acogido, me han despedido, me siguen teniendo en sus vidas como si 8000 km no fueran nada. Desde mi jefa, mi otro jefe (el anterior), mi nuevo jefe (acumulo jefes, que ya son amigos y amigos que ya son jefes), mis amigos, mi hermano, mi cuñada, mis padres, todos han compartido esta aventura conmigo haciéndome sentir una persona realmente afortunada. Y cruzando el charco, en este otro hemisferio, también he encontrado a personas que me han acogido en su vida, que me brindan su cariño y profesionalidad, que me hacen sentirme en casa, también aquí.

Y aquí estoy. A unos días de llevar dos meses de güerita. Siendo yo en otra circunstancia. Intentando estar a  la altura del reto y de la confianza que han depositado en mi. Y sobre todo intentando beberme cada segundo y comerme (de la gastronomía maravillosa y la distorsión que llega a España hablaremos en otro momento) cada sabor de cada día. Porque todo lo que estoy viviendo es mi mejor riqueza.

P.D. No es que tenga esto olvidado, no. Y las palabras, los pensamientos, los sentimientos y hasta los cada vez más escasos casos se me acumulan en la punta de los dedos y me cosquillean. Es sólo que no me da la vida para más. Prometo volver y seguir contando.