Acerca de Taite Cortés

Periodista. Siempre periodista. Fui plumilla, reportera, directora de Comunicación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, después de la de Hacienda. Hice un paréntesis de un año en México, en el mundo del "choubisne". He vuelto a Hacienda

Tu legado y mi Carnaval

img_6106Hasta ahora, era una palabra más del diccionario. Sólo hace unas semanas sentí la dimensión de lo que engloba: ese frío sin mesura que se apodera de cada poro, de cada hueso, impidiendo que entre en calor por más que ponga empeño; ese vacío trascendental que me dice que no voy a volver a verte nunca más, ni a sentirte, ni a discutir contigo. Es una certeza que duele, que llega al centro del pecho, que explota y se retuerce, que se arraiga y no se desprende.

Orfandad.

Y no sé que hacer con esto que siento. Con esos sms que ya no te mandaré. Con esos besos que no te daré. Con las conversaciones de política que ya no tendremos. No sé mirar el Diario de Cádiz sin recordar tu militancia diaria; ni comer huevo hilado sin ver cómo lo traías cada Nochebuena, ni los huesos de santo que me regalabas en un paquetito cómplice. No sé qué hacer con este remordimiento por todo el tiempo que no pasé contigo; por las visitas y los ratos que te racaneé; por los desencuentros que dejé que nos distanciaran en más ocasiones de las que debiera.

Y por contra, canto. Canto a diario: tus canciones de la mili, tus coplas de carnaval -la peculiar banda sonora de muestra infancia-. Porque hoy y cada día, el carnaval me suena a ti, el carnaval me lleva a ti, el carnaval me recuerda a ti. A ti te debemos cada uno de las células de pasión que ponemos en esta fiesta; y las coplas añejas que nos cantiñeábamos sin que tuviéramos edad para conocerlas, como ese pasodoble de Los cristaleros o ese estribillo de Fletilla, que me pongo de vez en cuando para sonreírme de nuevo. Porque ahí estamos tú y yo felices, cómplices. El mismo Carnaval que Keco ha vivido este año como nunca, con un premio que ha compartido contigo antes que con nadie, porque es tuyo más que de nadie.

Tenían razón quienes me lo decían. Te lloro y te sonrío. Te extraño y te recuerdo con un amor infinito; el que igual no te demostré como debía. El que se ha materializado ocupando el hueco que ha dejado tu marcha y que se agranda por momentos. Te sonrío en cada pensamiento, en cada imagen, en cada copla. Te pienso y te sonrío.

Porque quiero sentirte así. Desde ahora y hasta siempre. Sentirte y sonreírte, y sonreírme porque no quiero que se nuble tu recuerdo ni mi añoranza. Y porque sé, Papá, que te fuiste sabiéndonos a tu lado siempre, agarrado de mi mano, como me pedías.

Y así transitaré del frío huérfano a la calidez de tu recuerdo. Y seguiré cantando mientras te recuerdo. Y seguiré sintiendo el carnaval como parte de tu legado. Como cuando cantaba contigo aquel “y chorreaba de aceite linaza” sin saber ni qué estaba cantando.

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Nunca da tiempo

cojinesNo nos dio tiempo de sabernos las cicatrices, aquellas que tatúan el cuerpo, que las de las almas llevaría una eternidad. No nos dio tiempo de entrelazarnos en lo cotidiano porque todo tuvo algo de fortuito, de fugaz. No nos dio tiempo de empezar cuando ya estábamos acabando. Así ha sido esta vez, así fue recién, y hasta casi que recuerdo.

Nunca da tiempo de proyectarse en el calendario porque son historias sin más, de una sola hoja; ni de sabernos uno nada del otro porque apenas desgajamos la complicidad de un encuentro. Nunca da tiempo de hablar en plural porque nunca llega a tratarse de nosotros.

Igual alguna vez dé tiempo. Quien sabe. En algún momento, a lo mejor hay alguien que se quede. Tal vez. Igual, algún día, un osado quiera explorar mañanas de periódicos y cafés concatenados sólo porque desee alargar el tiempo de las noches entre sábanas blancas. Puede que, sin buscarlo, un propio encuentre acomodo entre estos cojines que me hablan de África para recorrer sin moverse maratones de cine, preludio de una cama que se extiende desde el whatsapp casual para saber de mi. Alguien que quiera también abrirme su casa para que la radio, la charla y el chup chup de un guiso se entremezcle en mañanas de domingo sin más vocación que estar así, que reír y hablar.

Y no lo echo de menos. No tiene sentido. No puedes extrañar lo que nunca has tenido. No puedes añorar la complicidad que nunca has regalado ni de la que jamás te han hecho partícipe. No tiene lógica que pienses que sería bueno algo que no sabes cómo es. Porque igual no es bueno. Igual aburre. O tal vez no. Pero igual, alguna vez, dé tiempo.

La primera vez

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Escaleras del metro de Ciudad de México (de mi IG)

Eso sí que es una primera vez. Y es más un regalo que ninguna otra primera vez.

Nada te quitará el vértigo previo de saber si habrá conexión, emoción, piel; si lo que imaginas que ha de llegar permitirá que termine estando a la altura lo que quiera que sea que llegue. Y los acercamientos, las notas primeras, envuelven un halo de expectativas que acarician como toda promesa. Entonces, las palabras van dando en la diana y hay ritmo, son, cadencia…

Escuchar una canción por primera vez sí que es una primera vez. Es un descubrimiento que se te va ofreciendo poco a poco, un hallazgo que llega en las primeras notas, que continúa en el estribillo, que te asalta en los giros. Y hay canciones tan buenas que te tatúan una sonrisa, como a un Indiana Jones ante el templo perdido, porque ese hallazgo es tuyo, se te ha dado a ti. Y no se cae en la siguiente frase, mejor que la de antes; ni en la que viene detrás.

Hay canciones que te dejan con ganas de más, como una buena primera vez. De más de todo esa ola de sentimientos que te ha embargado en esos cuatro minutos de combinación perfecta de música y pensamientos. Y vuelves a escucharla. Y ya no es la primera vez pero no dejas de descubrir nuevos matices y las letras se desnudan de nuevo, de otro modo, con otra entrega. Y esa canción es más tuya porque tú la has descubierto, una y otra vez.

Escuchar una canción por primera vez sí que es un regalo, que mantiene en vilo las ganas. Porque lejos de desenvolverse de una sola vez, como un atragantamiento, se ha desgajado en cachitos, cada uno empaquetadito con su celofán, que vas desprendiendo y saboreando, uno a uno, hasta que descubres la sorpresa global, que se aparece cuando encajan todas la piezas.

Escuchar un disco por primera vez sí que es una primera vez. Es un regalo de regalos. Y hacerlo antes que los demás, es un privilegio que quiero agradecer así. Con toda la modestia.

Vieja amiga

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Superviviente (de mi IG)

Vieja amiga, has vuelto. Te he sabido reconocer, a pesar del tiempo pasado. Fue una sonrisa, una sólo, al leer aquel “buenos días”, y supe que habías regresado, con lo bueno y con lo malo. Y que no era hambre, no, ese entripado que se expandía cuando contaba los pasos para llegar al punto determinado, a la hora concreta.

Y mira que te he temido, que te he huido, que te he anulado -apenas notaba tu presencia-, que me he parapetado en tu ausencia ante el miedo a que te fueras tal y como llegaras. Y mira que te he negado, renegado, requetenegado, como una etapa proscrita, un sarampión que no quería pasar, una enemiga más que una aliada.

Vieja amiga, entiéndeme. Cada vez que te has presentado, te ha seguido un vahído de amargura y soledad; un regusto a broma macabra que venía a gritarme “cómo has sido tan tonta de pensar que esto te iba a pasar a ti”; un descenso imparable en el Dragon khan de los sentimientos, el mismo que antes me llevó a las alturas.

Hoy puedo reconocerte, y hasta reconocerme, que es tal vez lo más importante. Y estoy dispuesta a saborearte, y a que estas mariposas que revolotean en la tripa no se me terminen atragantando; y a que las sonrisas ante los mensajes mañaneros no dejen de asomar; y que suenen las canciones con otro ritmo y me permita yo ver los días con esos rojos, esos naranjas, esos blancos, esos azules.

Ilusión, vieja amiga, compadécete, eso si. No llegues atropellando, hazlo pausado, sosegado, poco a poco, que eso no resta intensidad pero amortigua los efectos colaterales que vendrán más tarde, cuando te marches por donde has venido. ¡Pero es tan bonito sentirte hoy así! Que estoy dispuesta a saborearte aunque le siga un vahído de amargura y soledad.

La gastritis

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Escape (anillo comprado en Boston. De mi IG)

El doctor escuchó pacientemente los síntomas que le iba relatando: aquel dolor agudo donde comienzan las costillas, aquel desgarro que le hacía doblarse… Le hizo un par de preguntas y lo tuvo claro, sin necesidad de pruebas adicionales:

“Tiene usted gastritis. Lo suele originar el estrés, la mala alimentación… Pero usted tiene una causa distinta: todas las palabras que quería decir y no dijo se le han hecho bola y le han afectado al estómago. Seguro que tendrá también atorados todos los sentimientos que ha relegado, incluso los gestos que quiso compartir y no hizo; las caricias, abrazos, besos… que reprimió”. Tras el diagnóstico, llegó el tratamiento: “Le voy a recetar un IBP que tendrá que tomar a razón de uno al día”.

Sabía ella lo que era un IBP y tiró de pedantería: “inhibidor de la bomba de protones, para anular los ácidos”.

“No, éste es otro IBP. Es un incentivador del bombeo de palabras, que le ayudará a sacar todo lo que tiene ahí hasta que se pase ese dolor”.

Probó con la primera pastilla y apenas minutos después regurgitó aquel “te echo mucho de menos” que llevaba semanas callando. Y hasta se sorprendió de lo rotundo de la manifestación, de la fuerza con la que lo dijo. Más tarde, en forma de flato florido llegaron algunos “tengo muchas ganas de verte” que aún estaban frescos en la recámara. Iba por la calle soltando “mis ganas irremediables de besarte” o “por qué no pasamos juntos un fin de semana”. Y el que más costó, por lo enconado, fue ese “te quiero” que no dijo ni ésta vez, ni la anterior, ni casi desde que recuerda.

Con cada frase liberada se le iba aliviando la presión en la boca del estómago pero llegó un vacío insoportable. ¿De qué servía soltar, por fin, todo aquello callado si, a la postre, no tenía destinatario? Descolgó el teléfono, le marcó, y llegó a tiempo para que un contundente “esto no es lo que quiero” cumpliera, al fin, su objetivo.

 

Ese olor

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Liturgia de verano (de mi IG)

Ese olor. Ese perfume de las tardes de verano en las que una niña con coletas rubias se asomaba sobre una encimera de formica -que imitaba malamente al granito- para ver cómo, al calor fuerte de una carmela, iban cambiando de color hasta casi mudar la piel.

Siempre la misma liturgia, la que seguía su madre, que entonces lucía un lunar en la frente -que se llevó una cirugía- y un roete prieto -que ha claudicado por la naturaleza rizada de su pelo-, y que ahora imita ella de manera innata: un plástico y un paño cubren aquellos recuperados de la plancha con dedos rápidos, para que suden y se desprendan de la piel con mayor facilidad. Y las manos metidas en faena, y el trámite de eliminar todo, de partirlos, de aliñarlos.

Ese olor. Ese olor que siempre estará compuesto de gotas de verano, con toques de nostalgia, con tintes de hogar y la sonrisa de una madre que le enseña cómo hacerlo bien.

Ese olor que es capaz de transportarle a cuando apenas ganaba un palmo a la encimera y las coletas doradas animaban su cara, siempre curiosa.

“Esto siempre me recuerda a ti, mamá”, escribió en whatsapp acompañando una foto con tiras rojas en proceso de aliño.

Ese olor es el verdadero olor de la casa, de la memoria, de la familia. Tan sencillo, tan cotidiano, tan de verdad, que tiene que plegar recuerdos y enjugar las lagrimas ante tanta evocación. La de ese olor.

Ese punto

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Ese punto (recogida de El Silencio, de mi IG)

A veces me lo imaginaba como una isla huérfana de archipiélago, un accidente geográfico que no debía estar ahí; como un adorno ectópico que quedó desperdigado del cajón de las cosas de ornato, que tan bien encajaron y conformaron tu cara. Y me sonreía para dentro.

Me fascinaba. Tiene algo de un punto suspendido en un abismo al que se resiste a caer. Del inicio del grafiti que nunca llegó a más que la mera intención plasmada en un instante.

Me gustaba besarte justo ahí, besarte ese lugar imposible, ese lunar que asoma como un finisterre sin faro porque es el punto en el que para mí eras más tu.

Requiem

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Mi compañera de mesilla (Foto de mi IG)

Dudaba. No sabía muy bien qué hacer con aquello. Se veía venir su final, los achaques del paso del tiempo ya estaban haciendo mella, también físicamente. Nada de aquellos inicios lustrosos, de aquella potencia que le hizo elegirla. A modo de eutanasia, sin premeditar, la desconectó de toda alimentación (también la de la triple A) y se mantuvo un rato mirándola. No podía abandonarla, sin más; no podía acabar en la basura, ni siquiera en la parte correspondiente del punto limpio.

Debería haber un sitio donde depositar tantas horas de compañía, de información, de risas, de magia. Debería haber un depósito en el que quedaran las charlas entre susurros que llegaban en noches de desvelo, la adrenalina de las últimas noticias, incluso de las pésimas; las narraciones deportivas -que no le permeaban- y las voces que le había acompañado durante tanto tiempo, casi cada minuto, formando parte de sus ruidos certeros, esos que le dan cercanía, esos que le dan fiabilidad.

Aquella vieja radio no metabolizaría más ondas ertzianas, ni, por ende,  más actualidad, ni más análisis, ni más música, ni mas goles; pero le había sido fiel transmisora durante tantos años… atravesando cortinas de la ducha, sueños REM, ruidos de aspiradores y de sofritos haciéndose a fuego lento. Cambiaron las cortinas de ducha, las camas, los baños, los códigos postales, pero las voces que acercaba ese viejo cacharro se mantuvieron en el tiempo y en la distancia.

Dudaba. No sabía qué podía hacer con aquella radio pero seguro que no podía tirarla a la basura, ni al hueco del punto limpio al que quiera que vaya. ¿Dónde van los transistores que mueren, las charlas que callan, las ondas que no son interceptadas, ni deglutidas, ni servidas? ¿Dónde puede acabar la banda sonora hablada que ya no es?

Primero y último

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Silla de confidente en Mérida (México) de mi IG

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Antes vinieron otros muchos pero ninguno tenía ese sabor de la certeza y, si acaso, estaban salpimentados con deseo, ansias, ilusión y ganas.

Éste daba diana en la papila del amor, si es que hay alguna especializada en esa detección -y que complemente las que alertan sobre el dulce, el salado, el ácido y el amargo-; o si acaso se trató de una activación simultánea de todas a la vez, como una traca inabarcable, como si el amor no fuera más que una mezcla más o menos homogénea de todo lo que se puede degustar. Hay veces en que gana lo amargo.

Pausado, detenido, dulce. Un beso que removió todo su cuerpo, ya removido entre sábanas deshechas; que llegó a sus entrañas y regresó a su mente, mientras intentaba mandar órdenes de recolocación inmediata.

“Me ha alegrado verte”, acertó a decir.

Fue el primer beso que le dio sabiendo que le quería. Y que sería justamente el último.

El caso del universo minúsculo

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Uno de cada cuatro sombreros es una montera (foto de mi iG)

Un medio escrito publica un “estudio” anónimo remitido por profesionales del propio hospital donde se cuestiona la labor de un servicio y pone el foco en la trayectoria del nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica.

Valga este “a propósito de un caso” para exponer la realidad con la que nos encontramos en ocasiones en los gabinetes de comunicación, que tenemos que dar respuesta e intentar desmontar algunas informaciones que tienen por un lado todo el atractivo para el periodista del medio de estar delante de un “pelotazo mediático”; y por otro la dificultad de que se enmarcan en lo que podría denominarse medias verdades, que son las más difíciles de clarificar porque no conllevan un no rotundo sino toda una batería de datos, estadísticas y matizaciones que no están al alcance de los no especializados y pueden sonar a humo.

Como ya estoy fuera de esto y no me va nada, voy a comentar con libertad lo que pensé y lo que consulté tal y como leí la noticia (si, una es friki y mira datos a pesar de que no le va nada en esto):

  • Se señala expresamente la llegada de un nuevo director de la Unidad de Gestión Clínica de Cirugía como el detonante de todos los males. Y los denunciantes, anónimos, son de la Unidad de Anestesia. Además, se abunda que son los nuevos procedimientos implementados por éste los que han generado todo lo que se denuncia. Así, sin leer mucho más, ya me suena raro y me da que pensar. Llamadme desconfiada. Quizás una variable a tener en cuenta por la redactora que lo firma podría haber sido que todos todos los sistemas generan resistencia a los cambios, sobre todo si van tendentes a mejorar la eficiencia. Yo habría preguntado al Gabinete de Prensa en primer lugar, y antes de seguir con la pieza, en qué han consistido los cambios implementados en el servicio y de qué manera han afectado al trabajo de los compañeros de Anestesia. Que no estoy diciendo que detrás haya una vocación tan espuria, que igual les mueve sacar a la luz un escándalo mayúsculo, como hacen ver; pero no está de más completar información por este lado, por lo que pudiera pasar. Y porque da la nariz.
  • Unos profesionales de anestesia se ponen a estudiar historias clínicas con fines distintos a su práctica clínica. Otro de los elementos de la noticia que me deja epatada. No sé si es legal (lo preguntaría), si es ético (lo preguntaría). Y como paciente, me pregunto: cuántas personas de las que tienen acceso a mi historia clínica digital y completísima gracias a Diraya (con sus analíticas, sus imágenes radiodiagnósticas, sus episodios de urgencia, de primaria, todo juntito) lo hacen para algo que no sea mejorar su atención para con mi persona. No estoy diciendo que esto invalide totalmente la información que se traslada desde este informe casero pero sí que me da que pensar. Y creo que a la periodista que lo firma también debería haberle ocurrido algo similar.
  • Estudian unos 200 casos repartidos en los años 2013, 2014 y 2015. Y dan datos con una validez estadística mínima (en alguna afirmación se dice que uno de cada dos tienen sepsis cuando se ha abarcado sólo a 33 pacientes). No habla de la complejidad de éstos (entiendo por las complicaciones que se han ido a las 173 “cojointervenciones”), sobre todo cuando se aducen tasas de mortalidad tan altas. Los índices de complejidad de las intervenciones están también perfectamente establecidas y es un dato que, cuanto menos, tendría que haber preguntado a sus fuentes.
  • Cuando veo estos datos, además de cuestionar la validez estadística de este informe, me pregunto ¿cuántas intervenciones se hacen cada año en el Hospital Puerta del Mar? Me voy a la web y, aunque la última memoria está un poco antigua (2011) –por cierto, deberían mantener la sana costumbre de publicar estadísticas– veo que la media de los últimos años estaban en unas 20.000. Si son 3 años, entiendo que estamos hablando, chispa más o menos, de unas 60.000 y los datos del informe anónimo hablan de 173 casos. Como poco, es endeble.
  • Se mide las complicaciones en porcentajes comparados con los casos estudiados  de tal manera que si muere 9 de los 24 que estudian, dicen que la mortalidad es de 1 de cada 3. Todas las estadísticas de morbimortalidad se hacen sobre el total de intervenciones, con lo que la periodista que ha firmado la noticia tendría que haber puesto en relación ésta con los datos globales de actividad. Y de paso, haber comprobado cómo estaban los resultados con las estadísticas nacionales, que están aquí. La media de reingresos en Andalucía (un indicador de complicación en el proceso) está en 7,28%  del total de intervenciones. No sé cómo está el Puerta del Mar
  • Podría seguir hablando de cómo se hace la codificación por parte de documentalistas que no veo yo cambiando casillas, por no hablar de que se trate de un informe anónimmo.

Con estas mimbres resulta tremendamente complejo intentar desactivar noticias de este tipo o, al menos, intentar dar visos de mayor rigor. Que no digo en ningún momento que sean falsas las conclusiones del informe, que probablemente sean verdad en ese minúsculo universo, pero sí puedo asegurar tras leer la noticia que no está abarcada en toda su complejidad.

Lo que hizo el gabinete de prensa fue posibilitar que la periodista hablara con el gerente, con la directora médica y los directores de las Unidades de Gestión Clínicas implicadas, sin que ninguno de los argumentos permeara en su realidad; y también dio esta nota de prensa. Muchas veces, no se puede hacer más porque explicar todo esto es un desgaste para quien sólo ve los titulares.