No me llames Dolores

Pies de recién nacido

Recién nacida en un hospital público que ha sido gestada tras una selección embrionaria que permitirá que, además de nacer sana, pueda convertirse en la donante ideal para su hermano que padece una grave enfermedad. Todos los medios hablan del segundo bebé medicamento de España, a pesar de que a nadie nos gusta esa expresión.

Este tipo de acontecimientos supone un hecho excepcional en el día a día sanitario –de hecho, sólo se han producido dos en España— de tal manera que se prepara la difusión a la ciudadanía y a los medios de comunicación intentando ser rigurosos y teniendo en cuenta todas las variables: se recoge toda la información con los profesionales, con la que se hará el dossier de prensa; se acuerda con los equipos sanitarios quién va a intervenir en representación de todos y qué mensajes es importante acercar; se recaba posible material audiovisual que pudiera ayudar a la elaboración de la profesión y se explora la posibilidad de que los padres puedan atender a los periodistas en caso de que hubiera interés, explicándole cómo sería y la posible demanda que existiera.

Durante todo este proceso en el que estamos implicadas muchísimas personas hablamos de esta pequeña como de Estrella, sólo Estrella (de la misma manera que si en nuestro departamento hablas de Javier, todos sabemos a quien nos referimos; o María, o Carmen) nunca hablamos del bebé medicamento. Y es un término que nos repatea. El nombre técnico sería DGP HLA idéntico, pero esta expresión es difícilmente entendible por la ciudadanía de manera que lo traducimos en los materiales y en la atención a los medios por un «bebé seleccionado genéticamente para nacer libre de enfermedad y compatible con su hermano». Todos los intentos porque esta expresión cale son baldíos porque díganme ustedes cómo hacemos para que los medios de comunicación la utilicen para un titular (que no recoge más de diez palabras) o en una pieza de tele o radio que se cuenta por segundos. Yo me quedaría con Estrella, Javier, María o Carmen pero así los lectores/oyentes/telespectadores tampoco sabrían de qué iba. Es un problema de difícil solución, así que seguimos viendo titulares con «bebé medicamento» en la mayoría de las publicaciones. Lo ideal seria que ofreciéramos una alternativa: un termino que fuera grafico y entendible y explicara toda la complejidad del procedimiento pero hemos sido incapaces. Si a alguno se le ocurre, bienvenido sea.

Y por si os interesa, os dejo un documental que vi el sábado en la noche temática con la historia de Javier y Andrés, el primer niño que nació libre de beta talasemia y pudo curar a su hermano de esta enfermedad. Es, sin duda, uno de los momentos profesionales más emocionantes que he vivido. Aún me emociono recordándolo.

La fuente de la vida

Rumbo a paraísos soñados

El clandestino del Puerto recaló en el Lope de Vega

Quizás sea difícil trazar mapamundis de sitios soñados en la baja espalda de una dama, sobre todo para quienes carecemos de toda destreza al mando de un lápiz o un pincel; pero más difícil se me antoja que, al socaire de estas historias que iban dibujándose ante nuestros ojos, las letras y las músicas despejen nuestro horizonte y nos lleve a paraísos soñados. Complicada travesía, la que nos tenían preparada La Canalla y Javier Ruibal por mares de coplas cien veces cantadas, por lugares recónditos que no aparecen en los mapas de la música estereotipada, por seductoras melodías y letras de una cotidiana riqueza que asombra.

En esa singladura pasamos por la Base de Rota y su Boca de Rosa (¡qué de tiempo!) por el Manhattan sin gloria, o esa paradisíaca Isla Mujeres que descubrí en lo recóndito de la vida de la mano de David Broza. Y como la magia de transportarte es inherente a la música, seguimos nuestra ruta sin planos, sin brújula, sin prisas por el Infinito universo de las cosas, acompañamos al «tirao» en sus aventuras y nos acompasamos con requiebros imposibles contando los lunares de un bambo. Y todo eso por el don de lenguas de Chipi, que domina el italiano (la única copla que canto en esta lengua a pesar de los peñazos de La Serenísima) y le pega al inglés de categoría; pero, sobre todo, porque las músicas que interpretan beben de cientos de mares, del sur de unos y otros continentes; y porque viajar no es más que saciar la curiosidad de conocer otras culturas, beber de otros ritmos, contaminarte de historias ajenas.

Súmenle la poesía («ay, si le hubiera entendido el día que me pidió: quiéreme un poquito menos pero quiéreme mejor»), la coherencia, el hiperrealismo que desborda Chipi (su dedicatoria-alegato en defensa de los estudiantes de Valencia llegó al cerebro y al alma). Súmenle la veteranía, la prestancia de Ruibal. Y háganse cargo de que aquella noche, en aquel teatro que no era el Falla pero casi (más de la mitad del público estaba-mos- censado más allá del peaje) se daban cita dos de mis devociones musicales, dos de los artistas cuyas letras soy capaz de tararear con devota actitud. Por eso se me hizo la magia y por ello no me hizo falta llegarle a encontrar un hilo a la historia o a esa propuesta conjunta. Y por eso hoy os lo cuento dejándome llevar por mucho de lo que allí sentí, rodeada de amigos, que la magia compartida tiene mucho más encanto y potencial.

Os dejo un resumen del concierto de agosto para que os hagáis una idea.

Lo que os hace grande

La fuerza del concierto

Esa noche cambiamos los ordenadores, las mesas, las notas de prensa, las prisas y las presiones por los vaqueros, las zapatillas, las cervezas y la música. Esa noche no éramos el equipo de comunicación (o parte) sino unas amigas que íbamos de concierto. Esa noche compartimos pizza, compartimos saltos, coreamos juntas y desfogamos tensión. Esa noche mis #queridasniñas demostraron que parte de lo que les hace grandes es que trascienden el trabajo, que comparten más que una labor, que se unen por lazos más gruesos que el mero «compañera de curro». Esa noche, como intento siempre, yo era una más, orgullosa de lo que allí viví y de lo que vivo cada día a su lado.

No sé si es muy ortodoxo ir de concierto con tu equipo porque nunca fui a escuelas de gestión, ni sé de liderazgo, ni tan siquiera me había planteado nunca dirigir un grupo tan grande de personas. Igual quienes saben de esto me dicen que no. Pero no albergo ninguna duda de que es fantástico encontrarte con personas que te aguantan, te sustentan, te complementan y se preocupan por ti fuera de terrenos laborales y disfrutar de la compañía de gente a la que quieres. Y de eso es de lo que se trató.

Así que nos unimos todas en una noche mágica, nos unimos a miles de gargantas que desgañitaban letras sin hueco para el olvido. Porque las canciones de Vetusta Morla se corean al unísono, las letras se tatúan en la mente y desde ahí, cuando también han pasado por el corazón y las entretelas, se derrochan a voz en grito, independientemente de si estás en el coche, en la ducha o rodeada de miles de personas. Estos conciertos tienen algo de catarsis colectiva, tienen algo de devota fascinación, tienen algo de dejarse llevar por una música y unas letras que remueven conciencias, que comulgan con tu cotidianidad, que rompen estereotipos, que suenan diferente.

Podría hablar de la fuerza del grupo, de cómo suena en directo (qué magia tiene la música en directo), de la sorpresiva potencia de Pucho, que gana en vivo, o de cómo en esos momentos te olvidas de todo y sólo actúas movida por la fuerza de las notas, por los ritmos de las baterías, por la marea de coros que fluye a tu alrededor. Pero muchos habréis ido a un concierto de estos y sabéis de lo que os hablo. La magia de éste fue la suma de todo eso y de lo que disfruté con Isabel, Lydia, Úrsula o María (y, por extensión, con Estrella, Sandra, Iara o Pilar). Y no era la #hembraalfa, no tomaba decisiones, no me comía la cabeza viendo de qué manera podía potenciar las competencias de cada una, tan distintas, tan complementarias, sólo cantaba, bailaba, saltaba y reía con mis amigas. Y eso nos hace grandes. Creo yo.

Defina normalidad

Maniquí en Alicante. Foto de hada

Llaman de una productora:

-Hola, queremos hacer un reportaje del tipo reality a una joven (menor) que se ha quedado embarazada. Tanto ella como los padres están de acuerdo. Queremos abordarlo desde la normalidad porque la familia lo ha asumido así: ha adecuado la casa para recibir al bebé y ella ha cambiado el horario de clase para poder atenderlo, todo desde la más absoluta normalidad. Tendríamos que acompañarla a alguna consulta y a las clases de preparación al parto.

Cada día recibimos decenas de peticiones para mostrar los distintos aspectos de la sanidad en distintos formatos, bien para informativos, bien para programas de documentales –ya sea como Informe Semanal o Los Reporteros o del tipo Callejeros o Vidas Anónimas— bien para algunos temáticos de medicina que están proliferando —El Cirujano, Cuerpo Médico, Yo, médico. En estos casos sólo somos medias intermediarias, que intentamos organizar todo para facilitar la labor de los medios, buscar profesionales que se expresen bien e intentar interferir lo menos posible en el día a día de los centros. Y por supuesto, velar por intimidad de los pacientes.

En este caso es una menor, y ya he hablado aquí las trabas con las que nos encontramos en estos casos. Pero más allá de lo técnico, de la posibilidad o no de hacerlo y poder disponerlo todo, me pregunto ¿tiene la institución sanitaria prestarse a dar esta imagen de normalidad a algo que me niego a pensar que lo es? ¿Tiene la organización que contribuir a trasladar a otras chavalas, a la sociedad, que no hay mayor problema por que una menor se quede embarazada? Si tenemos que hacer educación para la salud, ¿es ésta una manera de hacerlo? ¿es un prejuicio mío? ¿Vosotros qué opináis?

Tengo un vicio confesable

Amalgama de música

Seguía dándole vueltas a la entrada de la semana pasada, donde hablaba de la importancia de lo que los niños «beben» en sus casas, en su infancia, para la conformación de su personalidad, cuando recordé uno de los pabellones auditivos que escribí cuando era una plumilla en un periódico local.

Buena parte de la melancolía de aquella época en la que escribía es la que me ha traído a este rincón, que intento alimentar a trompicones, con más deseos que posibilidades; con más entradas en la mente y en la moleskine que aquí, donde tendrían que estar; con más borradores a medio enjaretar que entradas completas.

Y como me ronroneaba aquel pabellón, como no he tenido tiempo de completar ideas incompletas, como he podido recuperar algunos por la ayuda de una buena amiga que ha hecho prospección en los archivos de mi vieja casa, y como tiene cierto hilo conductor con la última entrada, os la dejo aquí, hasta que pueda dejarme caer un rato por estos lares.

Tengo un vicio confesable

TAITE CORTES   15/02/2004

TENGO un vicio confesable: soy una cotilla redomada. Y, entre muchas costumbres más o menos afeables, no hay casa en la que entre sin pararme a escudriñar los cedés que acumulan sus dueños en las estanterías -también me pirran los libros , en los hogares en que los encuentro-. Y es que soy de la absoluta convicción de que la discoteca y la biblioteca de uno dice más de lo que se piensa y se puede llegar a entender algo más -saber todo es pura utopía- de la personalidad del otro si se conocen sus gustos. Pongamos mi caso: tengo mi colección de discos como un tesoro aunque reconozco que la selección es de lo más paradójica porque al lado de todos los de Dulce Pontes -ya confesé aquí lo que significaba para mí – descansa el último de Chano Lobato; y mi Ruibal comparte estantería con Gloria Gaynor o Mago de Oz. Saquen sus propias conclusiones. Pues entre tantos luismigueles, más ubagos o toda la caterva de triunfitos con los que, descorazonadoramente, me llevo encontrando desde hace tiempo en baldas ajenas, hace poco he descubierto un verdadero filón. Llegué a una casa nueva: un amigo de una amiga. Y apenas me paré delante de su mueble y eché una ojeada, me sonreí. Entre mucha buena música -una apreciación personal- descubrí títulos que me llegaron al alma: Un agujero en el cielo, de Esclarecidos, y El arte del sabor, un delicioso disco de Bebo Valdés. No puedo evitar verlo con otros ojos porque para mí la música es un vínculo diferente. Y he comprobado que puedo echar interminables ratos hablando de discos. No sé si, como dijo Rick, éste es el inicio de una gran amistad, pero sí que tengo claro que es un buen comienzo. 

Aquellas semillas que germinan

Ruibal en concierto

No cumpliría los ocho años (igual ni los seis –soy tan mala calculando edades–) pero sus ojos claros y pizpiretos se elevaban cada poco para ver si comenzaba el concierto. De vez en cuando preguntaba a los padres, sentados en la primera fila: ¿cuándo empieza? Y mientras esperábamos –yo estaba allí, al lado– canturreaba descuidadamente las letras de Isla Mujeres, como un juego; una canción que venía grande a su pequeño cuerpo, a su aún poco nutrido vocabulario, a su recámara musical.

No sé si fue por la cara que se me quedó, entre asombrada y admirada, o, precisamente porque no le quitaba el ojo a esta pequeña rubiasca que compartía admiración y cancionero conmigo (quien le ganaba una buena porción de años) que me gané una explicación del padre: «en casa escuchamos mucho a Ruibal y a ella le encanta». Y abundó en que se sabía las canciones de memoria y que ya tenía alguna que otra foto con el artista, al que admiraba enormemente («en lo de la foto me gana», pensé. Nunca he tenido el arrojo suficiente como para pedirla).

Disfrutamos del concierto, separadas apenas por unos metros, y le echaba miradas furtivas. Y no podía más que sonreír al ver cómo seguía, tozuda, deshojando frases de las canciones mientras el maestro nos deleitaba con uno de sus conciertos (que son únicos, que tienen personalidad, que no se repiten, que tienen magia, aunque eso requiere de otra entrada). Y reflexionaba sobre lo importante que para los peques es el ambiente en el que crecen, la cultura de la que se rodean, las inquietudes que sus educadores son capaces de inculcarles, la curiosidad que cada día pueden despertar en ellos. Al final, todas son semillas que logran germinar haciendo personas más ricas, más inteligentes, más curiosas, más inquietas.

Aquella niña tenía edad de Cantajuegos, o de Patito Feo o de lo que quiera que escuchen ahora los niños de esa edad. Pero admiraba a un cantante que puede aportarle ritmos diferentes y mestizos, letras nada encorsetadas y de una enorme riqueza, y matices únicos. Igual a vosotr@s os suene pedante esa precocidad pero a mi me pareció un estupendo legado en la conformación de la personalidad de esa niña. Aunque probablemente me deje llevar por mi devoción ruibalista.

De estas reflexiones también disfruté aquella noche de La Mercè, en septiembre, en una Barcelona que siempre tiene la capacidad de fascinarme, con un Ruibal que nunca deja de removerme por dentro y con amigas con las que echamos risas y gastronomía. Creo que se puede pedir poco más. Y llevo tiempo queriendo contároslo.

Historia de un parto… asistido

Mi otro "parto" especial. Cuando nació Curro.

Hoy, este blog cumple cuatro meses. Probablemente no es lo que esperábais pero sí es lo que quería yo, que es lo que suele ocurrirle a las madres orgullosas. No es el más guapo y soy consciente… pero es el mío.  Y lo veo hasta resultón. No es muy popular que digamos pero tampoco en casa somos de grandes familias y con los que nos damos cita de vez en cuando somos la mar de felices… E incluso en esto le veo su encanto. Así que, como una madre primeriza, me he puesto a recordar cómo, hace hoy cuatro meses, nos dio por parir este rincón.

Y no uso este «nos» como una corrección estilística; uso este «nos» porque nunca vi un parto más colectivo. O al menos fue en la manera en que lo viví. Porque fue así, entre todos, que pudimos hacer que viera la luz. Bajo presión, con contracciones continuas, pero agarrada a decenas de manos… las vuestras.

Hoy os cuento mi particular historia de mi parto…

Si a esto se puede llamar «dar una pista»…

Creando expectación

Y llegaron las buenas amigas, las que hacen de «manayés»

Con brindis y todo en la espera

Por los proyectos locos

Yo estaba a lo mío…

La peña comenzaba a desvariar…

Llegaron las imprecaciones de buena parturienta, recordando mi más perfecto inglés de Harvard…

Fue entonces cuando el equipo multidisciplinar que atendía el alumbramiento comenzó a alarmarse… algo no iba bien

Eso no es muy profesional… Serafín… Menos mal que empezaron a meter mano…

Y al final… con la ayuda de todos…

Perdonen las palabras de la madre… son las hormonas

Después del gremlin llegó la madre agradecida…

A pesar del agotamiento, dio tiempo incluso para un «despedida y cierre»

Y para guiños con la partera mayor

Al final..

Y como dice Rosa…

Este post está hecho con tuits recopilados en Memolane y en Storify. No están todos los que fueron pero lo pensé muy tarde y no pude recuperar la secuencia completa. Aunque creo que sí es una buena representación de lo que fue. ¡Gracias a todos!

Si funciona la programación, saldrá exactamente a los cuatro meses. Al menos, en este tiempo, habré aprendido a programar, que no es poco.

Donantes galácticos

Cartel expuesto en la entrada del Hospital Virgen Macarena en SevillaJoven residente en el Campo de Gibraltar de 31 años que hace un llamamiento porque asegura necesitar un trasplante de médula. Los medios se vuelcan. Hasta que, finalmente parece que lo recibe. No hay constancia de que una Clínica La Merced de Madrid haga estos procedimientos.

Hace apenas unos días hablaba de determinadas situaciones en las que se apelaba a la generosidad de la gente para conseguir dinero para tratamientos a enfermedades sin solución. Pero hay más maneras de intentar que la ciudadanía responda ante un problema propio de salud y en las que es igualmente importante que los medios de comunicación (que, no olvidemos, son una manera de llegar a la ciudadanía) tengan la información para abordar estas noticias con el mayor rigor posible.

Hoy abordo los llamamientos para la donación de médula que se dan con determinada frecuencia con el consiguiente eco en los medios de comunicación porque vuelven a tocar la fibra sensible de los lectores, oyentes, espectadores, con historias humanas, de desesperanza y lucha. Y como por nosotros no va a quedar, y a pesar de ese marchamo de desalmados que nos vamos fraguando, una vez más echamos mano de la pedagogía para intentar trasladar que este tipo de actos en los que se buscan donantes no sirven para nada y generan movimientos incluso perjudiciales.Los donantes de médula que salen de estas corrientes altruistas no suelen tener consistencia y suelen renunciar a hacerlo cuando se les requiere, sobre todo si se tiene en cuenta que la donación de médula requiere de una intervención algo cruenta. Cuando se explica esto al usuario, acaba rechazando su opción primera.

Explicamos que con 18 millones de donantes en el mundo en la Redmo, a los que ya se han sumado los cordones umbilicales, el trasplante de médula ósea es un procedimiento que está perfectamente articulado gracias a la colaboración de los profesionales. Pero cuesta trabajo que cale esta información cuando la noticia está servida.

Y puede llegar a parecer incluso que estamos en contra de que haya personas que opten a ser donantes de médula ósea. Y nada más lejos de la realidad. Sólo trasladamos que, tal y como se ha demostrado con la experiencia de los profesionales, quienes se acerquen a registrarse como donantes tienen que hacerlo conscientes del compromiso que asumen y con toda la información para tomar esta decisión.

Porque imaginad que alguien quiere hacerse donante cuando recibe el llamamiento en un ámbito que levanta tantas pasiones como el fútbol, cuando se lo pide un ídolo (pongamos un Cristiano Ronaldo con twitter) y cuando está la prensa deportiva de por medio… Pasado el furor y los grandes titulares y momentos, es extraño que el hincha que recibió el imput que le movió el corazón que le hizo acercarse a donar, continúe con la vocación de hacerlo.

E imaginad, en este contexto (ídolos galácticos, el periodismo deportivo, el fervor de las masas y titulares para un equipo de fútbol) cómo de bajo se oía la voz de la institución y de los profesionales que intentaban poner un poco de sensatez. Y con el hándicap de siempre: el que nos impide dar datos clínicos del paciente que diera un poco de luz a la situación que tampoco era como se contaba. ¿Cómo lo veis vosotr@s? ¿Tenemos que seguir intentándolo a pesar de todo? ¿O nos damos por…?

Milagros que no son milagros

Varita mágica de Carmen. La tomé prestada

Chica diagnosticada con una enfermedad rara que hace una colecta para someterse a un tratamiento de dudosa validez en una clínica alemana que fue cerrada por las prácticas que llevaba a cabo. A esta clínica también iba a acudir otro niño de Jerez.

Hay decenas de casos parecidos a éstos, todos los días, en todos los rincones de España; situaciones que hablan de lo importante que es la esperanza en determinadas ocasiones pero también de que hay muchos intereses de por medio, mucha osadía y muchos desalmados. Menuda mezcla.

Y se trata de historias humanas –que tocan a los lectores, los oyentes, telespectadores– porque hablan de personas que luchan, que se desesperan, que no cejan en su intento de buscar una rendija de esperanza en un futuro, la mayor parte de las veces, negro o gris. Y por ello encuentran hueco en las páginas de los periódicos, en los programas de la radio y en televisión. Y se exponen historias y datos clínicos con mayor o menor profusión, que son acogidas con mayor o menor pudor, dependiendo del amarillismo de las secciones.

Así, se apela a la sensibilidad y solidaridad de la ciudadanía y se montan rifas, conciertos, partidos de fútbol; se ponen cuentas para ingresos voluntarios de manera que se recauden fondos que faciliten los costes de esa alternativa.

En la mayoría de las ocasiones, intentar explicar que se trata de tratamientos o terapias no probadas y que suelen ser un timo hace que parezcamos personas desalmadas que no entendemos la tragedia cercana. Lo mismo que ocurre si procuramos hacer ver que están hablando de traslados descabellados a otros países para acceder a opciones que se ofrecen aquí, en casa. Pero estoy convencida de que nos toca, como responsables de comunicación y como institución, hacer esta labor pedagógica que no siempre es bien entendida.

Quizás sea el sempiterno complejo de inferioridad que nos acompaña históricamente (a los españoles y a los andaluces) el que nos hace pensar que opciones terapéuticas en otros países tienen más visos de fiabilidad que si se hacen en el Sistema Nacional de Salud, cuando el nivel de resolución de nuestros centros sanitarios, con la tecnología de la que disponemos y, sobre todo, la excelencia de los profesionales, hace que prácticamente se incorpore toda técnica novedosa que sea validada por la comunidad científica. De tal manera que son excepcionales las soluciones que puedan dar en otros sitios y no en la sanidad pública.

Nos toca explicar que hay procedimientos establecidos y el sistema funciona en red. Así, si para una enfermedad específica existiera una técnica probada que no se ofrece en Andalucía pero sí en otra comunidad, se autoriza la derivación y se corre con los gastos. Al igual que si no se ofrece en España pero sí en otro país. El único requisito: que la técnica cuente con evidencia de que funciona para esa situación; es segura y está probada. Lo que no siempre pasa.

Intentar que familias que luchan por una esperanza y se aferran a una salida entiendan todo esto y alcancen a ver que pueden ser atendidos perfectamente en un centro propio suele ser tarea imposible. Y puede llegar a ser comprensible.

Pero no debería serlo tanto que lo entendieran quienes tienen que hacer llegar a la sociedad la información y quienes desdeñan estos datos en pos de la historia humana. Si no conseguimos que la pedagogía trascienda a los medios probablemente sea porque nosotros no lo sabemos hacer. ¿A vosotros se os ocurre cómo?

Mírame a los ojos, estoy aqui… Diferénciate

Lo esencial es invisible a los ojos de las personasMujer, joven, con lesión en la rodilla que acude a la consulta con el traumatólogo. Éste, sin mediar ni un «buenos días», le hace algunas preguntas mirando el ordenador o el móvil para pasar a la camilla donde la explora. Termina la consulta y la paciente se va con diagnóstico y propuesta de revisión pero con una desazón por la manera en que ha sido tratada.

Todos podemos contar una historia que nos haya pasado, a nosotros o a nuestros allegados, en la que no hemos recibido del profesional sanitario un trato cercano, cálido, que nos haya hecho sentir una persona y no un mero trámite en una cadena industrial. Y quienes nos dedicamos a esto de la salud, de alguna u otra manera, quienes nos sentimos fascinadas por todo lo que esto conlleva, quienes amamos profesiones propias y ajenas que confluyen en una amalgama mágica que es la atención diaria en los centros sanitarios, creemos que toda la excelencia profesional, todas las innovaciones técnicas, todos los avances biomédicos y en cuidados pueden ir al traste y no ser percibidos por la ciudadanía si se falla en determinadas cosas, las más elementales, las pequeñas cosas. Son los detalles los que calan, los que llegan, los que hacen a la persona sentirse única y bien tratada. Ya lo decía El Principito: Lo esencial es invisible a los ojos de las personas.

Así que de eso se trata esta aventura que comienza hoy y en la que hemos participado unos cuantos de estos enamorados: de hacer ver que estos pequeños detalles, estos gestos cotidianos a los que no se dan importancia, resultan trascendentes en el día a día de muchas personas que transitan por nuestros centros sanitarios. Ellos esperan, además de su tratamiento, su curación; en definitiva, de lo mejor del conocimiento de los profesionales que le atienden y de la tecnología que hay a su alcance; que quienes le atienden sean cercanos, amables y no le traten como a un elemento burocrático.

Aquí, en la web http://diferenciate.org/ encontrarás mucho mejor explicado en qué consiste, la evidencia que hay sobre los beneficios de un trato cercano e incluso la manera de adherirte a nuestra aventura. Y nos puedes seguir en twitter, en facebook

Pero no sólo este rincón propio y quien lo suscribe se adhiere a la iniciativa porque en Andalucía vamos a respaldar esta labor de todos, vamos a hacerla llegar a los profesionales para que recuperen la trascendencia de pequeños gestos y conozcan la grandeza del trabajo colectivo, como éste. Ahora queda hacer masa crítica, también desde la institución, desde el SSPA y sus responsables, que ya se comprometieron en su día y hoy renuevan el compromiso. Toca diferenciarnos.